Una de las pocas coincidencias entre las autoridades que militan en diferentes partidos es el criterio que utilizan para designar funcionarios públicos respondiendo a compromisos políticos o simple compadrazgo, sin importar que el designado sea un neófito en la tarea asignada y los daños que pueda ocasionar debido a esa inexperiencia.
Ya estamos acostumbrados que así suceda en los tres niveles de gobierno. Pero lo que sí resulta alarmante es cuando se trata de cuestiones educativas, como es el caso de los titulares de Educación federal y de Coahuila: milusos incondicionales sin experiencia en educación.
Nadie duda que el futuro de un país depende de su educación y es por ello que frente a un mundo cada día más complicado y ante una realidad cada vez más compleja se supone que es en la escuela donde las nuevas generaciones deberían prepararse para ser gente de bien y de provecho para alcanzar un futuro más justo y de bienestar.
Desafortunadamente esto no sucede así ya que en todos los niveles la calidad de la educación deja mucho que desear y esto no es exclusivo de las escuelas públicas, sino que también la ausencia de calidad está presente en varias de las elitistas y onerosas instituciones educativas privadas.
Y aunque las autoridades han hecho diferentes intentos por mejorar la calidad, los resultados han sido pobres. Por su parte, los deficientes planes y programas de estudio, así como la mala preparación de los profesores, también han incidido en la pobre calidad de la educación.
El sistema educativo que prevalece ha convertido a los maestros en burócratas sin un compromiso real por la calidad en la educación. La conveniencia prevalece sobre la vocación; el amor por sus alumnos y el compromiso con su superación son prácticamente nulos. La responsabilidad, su preparación profesional y el cumplimiento con sus obligaciones, son críticos.
Es fácil señalar las deficiencias de los maestros pero también se deben reconocer las injusticias que padecen, básicamente por un sindicalismo opresivo, turbio y absorbente. Y también está el acoso de los padres de familia que sobreprotegen a sus hijos anteponiendo caprichos individuales a la enseñanza y a la disciplina.
También, por años el sindicato de maestros se ha extralimitado en sus funciones al subordinar al hacer dependientes y sumisos a los maestros. El magisterio ha sido una profesión despojada, sin iniciativas profesionales propias, sin espacios autónomos para actualizarse y donde puedan ventilar sus asuntos académicos y sin posibilidades de interactuar con las autoridades para influir en las políticas educativas.
Para poder capotear al poderoso sindicato magisterial se ha preferido nombrar en los puestos claves de la SEP -tanto a nivel federal como estatal- a políticos en lugar de expertos en materia educativa, lo que ha dado como resultado que se privilegian más los intereses políticos en lugar de la calidad educativa. Estas autoridades tampoco han sabido ni querido aprovechar la experiencia cotidiana de los maestros y del conocimiento que tienen de la realidad de niños, jóvenes y sus familias, lo cual permitiría elaborar planes y programas educativos más efectivos.
Frente a esta situación, lamentablemente, los maestros prefieren navegar sin comprometerse, buscando su zona de confort, sus privilegios personales y evitando las amenazas de algunos padres de familia con denunciarlos ante Derechos Humanos por disciplinar a sus hijos. Todo esto ha ocasionado que vayan haciendo a un lado la educación.
Es apremiante que cuanto antes se recupere el sentido de la educación y volvamos a tener profesores con liderazgo y que además de enseñar conocimientos y habilidades, fomenten los valores, eduquen para la paz y la justicia, para preservar el medio ambiente, para aprender a dominar los conocimientos fundamentales, la comprensión del mundo, el pensamiento científico, la justicia social, los derechos humanos y la identidad nacional.
Estamos atrapados en este triste panorama en el que mientras la educación siga en manos de políticos inexpertos en pedagogía y de maestros inmersos en la grilla partidista, la ignorancia seguirá sometiéndonos.
Lamentablemente no se ve por dónde.
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