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Coahuila

No somos árboles. Parte 1.

Por Irene Spigno

Hace 3 años

Tenemos raíces, todos nos sentimos identificados con el lugar donde nacimos o crecimos, con la familia que nos recibió incluso antes de nacer (según la cultura occidental no elegimos la familia en la que nacemos, pero otras filosofías, mayormente orientales, difieren en ello), o el entorno donde desarrollamos nuestras principales habilidades.

Pero a diferencia de los árboles, no estamos anclados en un solo sitio. Tenemos la libertad e incluso el derecho de movernos y circular libremente. Podemos cambiar de ciudad o país, mudar nuestra residencia o domicilio, buscar distintas y mejores oportunidades en cualquier lugar del mundo.

El movimiento es una de las características fundamentales del ser humano, así ha sido desde hace miles de años. En tiempos remotos, las antiguas poblaciones se desplazaban en busca de lugares con mejores condiciones climáticas o más abundancia de alimentos.

En la vida cotidiana, todo gira en torno al movimiento. Cada día, innumerables personas se desplazan para ir al trabajo, al gimnasio, visitar a sus familias y amigos, hacer compras, entre otras actividades. El mundo actual está en constante movimiento, no solo en referencia al movimiento terrestre alrededor del sol, sino también al hecho de que todo cambia de manera continua. El mundo exterior cambia, nosotros cambiamos, nuestro mundo interior está en constante evolución.

Es cierto que vivimos en un mundo globalizado y las comunicaciones actuales nos permiten conectarnos fácilmente con personas en cualquier parte del mundo gracias a la tecnología e Internet. El siglo 21 se caracteriza por su rapidez y dinamismo. Basta con ver cómo el virus SARS-CoV-2 se propagó rápidamente, demostrando la velocidad con la que ocurren los cambios en nuestra época.

Sin embargo, en medio de toda esta vorágine, surge la pregunta: ¿dónde queda el ser humano? ¿Esta velocidad toma en cuenta nuestras necesidades y deseos? ¿Tenemos suficiente calma y tiempo para reflexionar sobre lo que realmente queremos y hacia dónde queremos dirigirnos? A menudo olvidamos que somos nosotros, las personas, los verdaderos protagonistas de esta película llamada vida. En ocasiones, nos dejamos llevar por las circunstancias como hojas llevadas por el viento.

Algunos de nosotros nos aferramos a las ramas donde nacimos y crecimos, como árboles fuertes y sólidos. Pero si somos más frágiles y vulnerables, podemos ser arrastrados hacia lugares que no escogimos. Vivimos una vida que no elegimos, atrapados en trabajos o relaciones que no nos satisfacen, o en situaciones que incluso nos hacen daño. Terminamos siendo llevados por una corriente a la que no podemos resistirnos.

Es cierto que el viento y la corriente pueden llevarnos a lugares mejores, pero debemos ser nosotros quienes decidamos hacia dónde queremos ir. Podemos dejarnos llevar por las circunstancias y fluir, o podemos tomar el timón y convertirnos en los capitanes de nuestro propio destino. Porque tenemos raíces, pero no somos árboles. Continuará…

 

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