El presidente Andrés Manuel López Obrador está por rendir su Cuarto Informe –el cuarto constitucional– pero en realidad sería ya como el vigésimo, ya que gusta de presentar informes cada 100 días (además de las centenares de maratónicas “mañaneras”) y en esta ocasión, el concepto a ponderar es “no somos iguales”. Que no somos iguales que los neoliberales, que los corruptos, que los “fifís”, que los conservadores enemigos de la patria. No, que nosotros sí hacemos esto y lo otro, por el bien del pueblo, y que, en síntesis, estamos mucho mejor de como estábamos hace cuatro años.
Y pues es la visión del Mandatario, y cada quien habrá de asimilarlo conforme a sus propias filias y fobias, y tal vez ahí radique el problema, ya que lo más interesante es cómo permea el mensaje en un contexto de alta polarización en el que ambos extremos del espectro –en cuanto a la evaluación del desempeño del Presidente– permanecen anclados en la estridencia, en que todo es bueno o es malo, ese perjudicial e irracional maniqueísmo.
Y ante esto comparto una reflexión del sociólogo español Manuel Castella, que tal vez nos ayude a dejar a un lado la disonancia e intentar pasar por el rasero de los elementos objetivos de contexto lo que sucede y cómo sucede.
Y cito, “nos relacionamos con los medios para confirmarnos más que para informarnos. Cuando hay algo que rompe fuertemente lo que pensamos culpamos al mensajero, no al mensaje, ni al origen del mensaje.
“A veces sucede por deformación de la percepción, y esto se puede resumir en la frase ‘¿cómo me dicen esto si yo siento otra cosa?’” … sí, “yo siento otra cosa”.
Parece que eso es lo que sucede en ambos extremos del espectro, tanto entre quienes ven a AMLO como el redentor de la patria, como en aquellos que ven a un hombre rehén de sus propios resentimientos y delirios.
En ambos polos no hay lugar para una evaluación serena, y ante esto cabría recordar que quien descalifica y reduce todo lo que no embona en lo que siente o cree, y que en ello no se permite validar con elementos objetivos de contexto, pues lo único que demuestra es que mandó sus neuronas de vacaciones.
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