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Coahuila

‘No tengo senos… pero tengo vida’: Con hilos de amor, tejen esperanza

  Por Diana Rodríguez

Publicado el domingo, 18 de octubre del 2026 a las 04:00


Puntada tras puntada, construyen para pacientes y sobrevivientes de cáncer de mama una prótesis
como ninguna otra.

Saltillo.- “Yo me sentí como que el mundo se me acababa”; así es como pensaba hace 14 años Adela Jiménez Galaviz. En el 2012, perdió su seno derecho tras ser diagnosticada con cáncer de mama.

Un año después, Liliana Gámez Pérez también pasó por una mastectomía; le detectaron cáncer triple negativo, uno de los tumores más agresivos. Su proceso lo consideró como catastrófico.

“ Que te quiten parte de tu cuerpo, el verte sin senos… Si es algo impactante”.

Incompleta, mutilada, menos femenina, temor, pena, y un sinfín de pensamientos más, son los que atravesaron la mente de Adela, de Liliana y de otras mujeres atendidas por un diagnóstico de cáncer de mama y que, en su lucha, perdieron uno o ambos senos.

Tan sólo el año pasado, la detección de tumores malignos de la mama alcanzó a 648 mujeres en Coahuila y, de enero a octubre, la cifra ya ronda los 428 casos. Esta enfermedad también representa la primera causa de defunciones en la población femenina de entre los 25 a los 54 años a nivel nacional; en la entidad, ocupa el tercer lugar de las principales 10 causas de muerte para las mujeres.

Con las pacientes, la mastectomía es la opción recomendada que acompaña las radioterapias y quimioterapias en un tratamiento, y aunque en muchos casos les salva la vida, las secuelas no sólo quedan en lo físico, también les llega a lo emocional.

‘La actitud la tengo yo’

Liliana Gámez Pérez tenía 36 años cuando el oncólogo le confirmó que tenía cáncer de mama.

“ Fue un proceso difícil, ya que tenía a mis dos hijos pequeños. Sin embargo, siempre pensé en cómo salir adelante, cómo enfrentar la enfermedad. Nunca pensé en que podría morir, eso lo descarté de mi mente”, relató la madre de familia, que en esa ocasión decidió encarar al enemigo que invadió su cuerpo.

“
La actitud la tengo yo, ellos (los médicos) tienen los medicamentos, y voy a poner todo de mi parte para salir bien de esta enfermedad”, se dijo a sí misma al iniciar la batalla.

Esta fue la promesa que mantuvo a lo largo de su tratamiento, en la mastectomía radical que le realizaron, y hasta que le confirmaron que el cáncer había cedido.

“ Desgraciadamente, 3 años después, ya cuando estaba en remisión, nuevamente fui diagnosticada con cáncer de mama”, recordó sobre la segunda lucha en la que repitió el mismo tipo de tumor mamario.

Al estar clasificado como un subtipo agresivo y por la metástasis que presentó, le quitaron el seno que le quedaba.

“ El verte sin senos si es algo impactante, te causa mucha desconfianza, inseguridad… Pero a la vez piensas: ‘Bueno, no tengo senos, pero tengo vida’”.

Durante el segundo tratamiento encontró al Grupo Reto, una asociación que se convirtió en su círculo de apoyo y acompañamiento hasta que de nuevo ganó la batalla.

Ahí, Liliana aprendió a confeccionar prótesis artesanales, una alternativa amable que sustituyó las partes faltantes de su cuerpo.

“ Al principio empecé rellenando mi brasier con un par de calcetines de mi esposo, que eran los más grandes que tenía en ese momento”, comentó sobre lo que hacía para aliviar el cambio radical que tuvo en la parte superior de su cuerpo.

“ El que nos quiten un seno también es quitarnos un peso, y el peso que tenemos es fundamental para nuestra estructura ósea. Cuando te los quitan, empiezas a tener dolores de espalda, dolores de cuello por la falta del peso”, añadió sobre las secuelas que disminuyeron y los cambios que notó al utilizarlas.

Esta sensación de alivio que ella y otras mujeres afectadas por el cáncer buscan compensar es la que le mostró su propósito: fabricar prótesis y enseñar a otras sobrevivientes a cómo armarlas de acuerdo a sus características, con un costo menor a las elaboradas de silicón y menos invasivas que una cirugía de reconstrucción.

Así surgió el taller Puntadas de Amor, enfocado a elaborar estos pequeños sacos cónicos a base de tela de algodón que son unidos manualmente con hilo y aguja, y rellenados con semilla de linaza.

Aunque los elementos en conjunto imitaban en peso y forma el seno de una mujer, tenían una limitante: se debían sustituir cada tres semanas.

“ Buscamos la manera de desbaratar la prótesis, de lavarla, porque no se podía lavar porque las semillas germinan. No podían tener tanta humedad y pues, con el cuerpo no eran tan funcionales. Y así fui buscando materiales hasta encontrar este que llama polipropileno”, explicó Lily sobre las modificaciones que ha implementado en las prótesis hechas a mano para hacerlas más durables.

“ Cuando yo relleno la prótesis, veo que es el peso más viable, o sea, que se asemejaba más a lo que yo estaba buscando, pues le empecé a hacer pruebas, lo metí al micro, lo metí al refrigerador, lo lavaba, le echaba cloro, le fui haciéndole pruebas para ver qué tanto se desgastaba el material y vi que no tenía ningún desgaste”, afirmó.

Con un material más duradero, a base de prueba y error, construyó patrones de distintos tamaños que se marcan y cortan cuidadosamente sobre la tela, después se hilvanan y rellenan para ensamblar las prótesis.

Manos voluntarias y empáticas

Para Liliana Gámez, Puntadas de Amor y las prótesis que entregan a sus “hermanas de enfermedad” han significado una forma de sanar física y anímicamente.

“ En su momento me sentí como una muñeca rota. Entonces, cuando yo empecé a coser la prótesis, yo decía que esto me iba a traer mucho amor, y que lo estaba haciendo con todo el amor del mundo para sentirme bien, y yo sé que eso a todas las mujeres nos iba a llenar de amor, y que las personas que fueran empáticas con nosotros lo hicieran con amor”, añadió.

Su propuesta, que comenzó en el Grupo Reto y con pacientes del Centro Oncológico, ahora es parte de un proyecto impulsado desde el Instituto Municipal de las Mujeres en Saltillo, sumando voluntarios para confeccionar las prótesis que al final se otorgan gratuitamente a quien las solicite.

Además de las personas que se acercan al instituto, empresas de la Región Sureste también colaboran con tiempo y mano de obra entre sus trabajadores.

“ Ahorita estamos empezando con 600 prótesis, queremos llegar a realizar 1,500 prótesis, y queremos no solamente darles una prótesis a las mujeres que la requieran, queremos darles dos juegos de prótesis”, señaló Vanessa Fernández Tonone, directora del Instituto Municipal de las Mujeres, quien mencionó que también se ha extendido la convocatoria para que las empresas o particulares colaboren con los materiales.

Una de las industrias que solicitó ser parte de esta iniciativa fue la Planta Lenox, donde, a través de la tercera edición de Días de Bondad, se acercaron al instituto y a Lily.

“ El hacerlo dentro de la organización y que la compañía nos dé el tiempo para poder dejar un poquito la producción y hacer esto, la verdad es muy valioso”, consideró Yorko Oleynick, director de Recursos Humanos en la Planta Lenox.

“ Aquí fue una hora lo que dedicamos, pero el impacto va a durar y va a transformar vidas”, afirmó sobre esta experiencia en la que trabajadores, jefes de área y administrativos estuvieron involucrados.

‘Es una ayuda para nosotras’

Para que las prótesis lleguen a mujeres sobrevivientes o en lucha contra el cáncer de mama, la labor comienza desde el Instituto Municipal de las Mujeres, donde Liliana Gámez tiene un área designada.

Entre las computadoras y el personal que trabaja en el instituto, se puede observar una mesa larga con distintos rollos de tela, una máquina de coser y los patrones que se marcan y cortan para integrar los kits que se distribuyen en los talleres de voluntarios.

La faena recae principalmente en Lily, quien divide los días y horas para realizar este proceso minucioso. A ratos, también colaboran los trabajadores del instituto y algunos usuarios que acuden a las oficinas municipales por una cita o a realizar un trámite, como ocurre con María de Lourdes Mejía, quien cada semana dedica una hora mientras espera a que su hermana termine las sesiones de terapia.

“ La primera vez que vine las observé y las vi con tanto entusiasmo trabajando que les digo: ‘Oye, yo también puedo ayudar’. Y entonces así me fui integrando. Te sientes contento, porque aquí se respira un ambiente muy agradable, de ayuda, de empatía”, externó mientras enrollaba en pequeños trozos de popote varios metros de hilo que después son utilizados para coser las prótesis.

Para María, ayudar no sólo es una forma de ocupar su tiempo; como sobreviviente de cáncer de mama, es consciente de que recibir apoyo de la familia y de terceras personas cuenta mucho para la recuperación.

“ Yo pasé un evento de cáncer en la mama izquierda. Tengo una operación parcial, no fue radical, fue en el 2006”, precisó sobre su historia personal con la enfermedad. “El poder platicarlo con alguien, empiezas a liberarte y a ser fuerte emocionalmente. “Porque, en este tipo de enfermedad, en este tipo de eventos, uno tiene que ser emocionalmente fuerte y contar con todo este tipo de apoyos, que son muy valiosos”, añadió orgullosa de haber ganado su batalla, mientras de reojo observó a Adela Jiménez Galaviz, una mujer de la tercera edad y también sobreviviente al cáncer que, esa mañana, se acercó para solicitar una prótesis mamaria.

Ahí, la trabajadora social, Yessica Hernández, le explicó que las prótesis no tenían ningún costo y sólo debía elegir el tamaño que fuera más conveniente.

Durante los minutos que le llevó acoplar cada talla a su brasier y contemplarse en el espejo para aprobar la que le quedaba mejor, Adela contó que perdió su seno derecho el 9 de julio de 2012.

“ Cuando me dieron la noticia, yo sentí que el mundo se me acababa, pero le pedí a Dios que me ayudara a salir adelante”.

Luego de la mastectomía, Adela aceptó que probó varias cosas para simular el bulto curveado de su seno.

“ De ahí para acá me ponía trapitos, o que esto y que el otro. Le dije a mi hija que me pidiera en Mercado Libre un brasier especial y no quedó, estaba demasiado chiquito”, explicó sobre algunas de las opciones que utilizó, sin quedar contenta del todo. Por ello, cuando le contaron de las prótesis que se regalaban en el Municipio, se dio el tiempo de acudir y preguntar.

Mensajes de amor y solidaridad

Entre la prótesis que Adela se llevó y que podrá utilizar sin problemas por alrededor de 4 años, llevaba un “mensaje de amor”. Lily refirió que este pequeño detalle es lo que hace especial y más humano al taller.

Cuando colaboran los trabajadores o grupos de voluntarios, como ocurrió en la planta Lenox, se les explica que, además de coser, podrán escribir y dedicar unas palabras a quien recibe la prótesis.

Cada sesión, primero inicia con recordatorio de las cifras para concientizar a hombres y mujeres de la importancia de prevenir esta enfermedad que ocupa en Coahuila el tercer lugar de las causas de muerte entre la población femenina.

Después, continúa con la lectura de la carta escrita por la hija de Liliana, donde cuenta parte de su historia como doble sobreviviente de cáncer y el porqué de su compromiso para ayudar a otras mujeres.

Tras repartir los kits con los patrones de tela y el resto de los materiales necesarios para armar la prótesis, Lily les pide a los participantes que cada puntada se haga con paciencia y esmero como un reflejo de solidaridad.

“ Yo los invito a que me ayuden a realizar estas prótesis con mucho amor, con mucha empatía, con mucha felicidad y que sepan que cada puntada que van a dar es un abrazo, es seguridad, es confianza, es amor a cada mujer que va a recibirla”.

A lo largo de 40 minutos, tiempo promedio en que una persona termina de coser y rellenar la prótesis, Liliana y Yessica resuelven dudas, corrigen costuras y ayudan a empatar las telas para cerrar el proceso, no sin antes recordarles a los voluntarios que integren el mensaje que recibirán las pacientes y sobrevivientes.

Puntadas que traspasan fronteras

En esta causa, han colaborado empresas de Monterrey, Saltillo y otros municipios de Coahuila, cruzándose también fronteras internacionales:

Hace dos años, en uno de los talleres que impartió Lily, un voluntario le solicitó quedarse con la prótesis para enviársela a su hermana, quien, en este entonces, atravesaba por un tratamiento contra el cáncer de mama.

“ Al paso de los meses me habló una chica y me dijo que se llamaba Worchin y que había recibido la prótesis,” relató sobre el mensaje que recibió en sus redes sociales, donde también le solicitó la oportunidad de ponerse en contacto con ella.

“ Yo no sabía que Worchin era árabe-mexicana… Cuando ella recibió la prótesis, la enseñó en Arabia, entonces, en el Centro de Oncología de Omán, en Arabia Saudita, se aceptó esta prótesis para las mujeres que han sido mastectomizadas allá”, añadió Lily sobre esta noticia que la tomó por sorpresa, pues la joven le pidió permiso para replicar el taller en su ciudad de origen.

“ El 29 de octubre, lo realizaron el año pasado, celebrando mi cumpleaños, allá le pusieron el Taller de Lily, aquí se llama Puntadas de Amor”, comentó contenta por el alcance que ha tenido este proyecto que espera seguir manteniendo.

En su experiencia propia, Lily reconoce que las prótesis ayudan a cambiar la percepción que se forman las mujeres de su cuerpo tras una mastectomía.

Un pequeño saco, confeccionado de tela suave y relleno de polipropileno, les aporta seguridad, fortaleza y de alguna forma las hace sentirse completas.

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