”Noche de paz, noche de amor. Todo duerme en derredor” 1.Mohr
Hoy día apenas podemos imaginar el horror de la guerra de trincheras. La rapsodia homerica o las sinfonías de Beethoven o Tchaikovsky recordaba el toque épico de las batallas.
La Primera Guerra Mundial trajo una visión menos romántica de la guerra. En ella se enfrentaron en enormes extensiones de trincheras insalubres construidas a pala y lodo, millones de soldados.
En su interior se incubaban las peores enfermedades, mientras que sus defensores combatían parásitos como piojos y chinches que los desangraban de a poco hasta que llegaba una granada.
Los campos se sembraron de alambres de acero, rematado en púas, y de esta forma transcurría entre el tedio y el terror una guerra que había convocado el patriotismo y que ya para entonces se antojaba interminable y sucia.
El bombardeo indiscriminado obligaba a permanecer ahí enterrado en las oquedades hasta que se daba la instrucción de carga a bayoneta entre alambradas y humo sólo para adelantar unos cuantos metros de tierra de nadie e intentar ganarla para erigir un monumento subterráneo a la muerte.
Solamente en la batalla de Verdún murieron 420,000 soldados que cayeron ante la metralla y los obuses.
Dos eventos en aquel entonces nos devuelven la fe en la humanidad. El primero es la paz de Brest-Litovsk, y es que gracias a la revolución soviética las soldadas y los soldados del frente ruso luego de diez días que conmovieron al mundo construyeron un Estado de trabajadores ante el cual la guerra entre potencias capitalistas para obtener posesiones imperiales en África carecía de sentido.
El segundo evento es la tregua de Navidad, dónde los soldados con la misma fe en esta fecha olvidaron el odio que debían sus uniformes y ser hermanaron en una noche de paz con motivo de la Navidad.
Y es que la humanidad se reconoce en la razón y trasciende a través del amor
Que sirva esa noche de paz para que encontremos en nuestro corazón la medida para perdonar los agravios, superar las diferencias y encontremos en el amor que inspira el tiempo de reconciliación con nosotros y con los otros que son parte de nosotros mismos, y sin los cuales no podemos siquiera concebir nuestra existencia.
Más sobre esta sección Más en Coahuila