“Acuérdate de Acapulco” es la frase más reconocida y recordada de la canción María Bonita, que escribiera el inmortal, compositor mexicano Agustín Lara inspirado en María Félix. La hermosa canción fue grabada en la compañía de discos Peerless en 1946. El genial Agustín, apodado “El Flaco de Oro”, tuvo el talento de seducir y enamorar a una de las actrices más bellas y trascendentes del cine, no sólo de México, sino del mundo entero, y que además, era 20 años más joven que él. Agustín Lara y María Félix se casaron en 1945, por diversas razones su matrimonio duró solamente dos años, ya que se divorciaron en 1947.
Los motivos y circunstancias de cómo, cuándo, y por qué fue escrita la canción, son variados y contradictorios entre sí, por ejemplo, el escritor Carlos Monsiváis afirmó que la letra fue ideada por Lara después de un pleito que tuvo con María, y la canción fue ofrendada a María como una forma o regalo de reconciliación. Según Eulalio Ferrer, en su libro Agustín Lara y María Félix, Tú y Yo, la canción fue escrita en Acapulco durante una noche en la que Agustín bajó a caminar a la playa mientras María se arreglaba en el hotel de Las Américas, antes de una cena a la que los habían invitado en “El Mirador”, atalaya (cumbre o edificación elevada) de los clavadistas acapulqueños. Otras versiones indican que la canción fue escrita desde 1942, años antes de que se casaran, y otras dicen que fue precisamente el regalo de bodas antes de partir a su luna de miel, que pasaron en el ahora lamentablemente destruido, otrora bellísimo puerto de Acapulco. Como se dice coloquialmente, “pues haiga sido como haiga sido”, el punto es que la relación entre Agustín, María y Acapulco, propició estas poéticas letras inspiradas por el amor y la mutua admiración entre este trinomio, y que ha quedado para la historia y posteridad de esta manera.
María Bonita
Acuérdate de Acapulco / de aquellas noches / María bonita, María del alma; / acuerdate que en la playa / con tus manitas las estrellitas / las enjuagabas.
Tu cuerpo, del mar juguete nave al garete / venían las olas lo columpiaban / y mientras yo te miraba / lo digo con sentimiento / mi pensamiento me traicionaba.
Te dije muchas palabras de esas bonitas / con que se arrullan los corazones / pidiendo que me quisieras / que convirtieras en realidades / mis ilusiones.
La luna que nos miraba / ya hacía ratito / se hizo un poquito desentendida / y cuando la vi escondida / me arrodillé para besarte / y así entregarte toda mi vida.
Amores habrás tenido muchos amores / María bonita, María del alma / pero ninguno tan bueno, ni tan honrado / como el que hiciste que en mi brotara.
Lo traigo lleno de flores / para dejarlo como una ofrenda / bajo tus plantas / recíbelo emocionada / y júrame que no mientes / porque te sientes idolatrada.
No solamente cientos de miles, sino seguramente millones de mexicanos y extranjeros, en algún momento de nuestras vidas tuvimos la fortuna de visitar este emblemático lugar, nadar en sus aguas y recostarnos en sus playas. Ahora mismo, al escribir estas líneas, recuerdo con nostalgia la alegría que nos inundaba a mis hermanos y a mí, cuando eramos niños y nuestros amorosos padres nos llevaban a Acapulco por carretera, había un momento mágico y jubiloso, cuando después de pasar una loma se avistaba la hermosa bahía de Acapulco, y gritábamos entusiasmados “ya llegamos”. Yo sí me acuerdo de Acapulco, como Agustín Lara, y muchos millones de mexicanos no queremos olvidarnos jamás, y terriblemente, la persona que más rápidamente quiere olvidarse de Acapulco es nada más y nada menos que nuestro olvidadizo Presidente de la República Mexicana. Así como se ha olvidado de todas sus promesas y de su vale para nada palabra. Mandar un tuit y ridículamente fingir que quería llegar a Acapulco y luchó contra los obstáculos del camino, es tan solo una muestra más de su infinitamente limitada capacidad para gobernar, resolver problemas y construir en lugar de destruir. Paradójicamente, hay una siniestra analogía entre algunos párrafos de la canción de Lara y las acciones del destructor de Mexico, este segmento se adapta a la perfección con el comportamiento de López en su campaña y cinco años de destrucción masiva.
“Te dije muchas palabras de esas bonitas / con que se arrullan los corazones / pidiendo que me quisieras / que convirtieras en realidades / mis ilusiones. Y eso sucedió al llegar a la Presidencia a base de promesas bonitas que ilusionaron los corazones de millones de compatriotas.
El final de la canción remata diciendo “Júrame que no mientes / porque te sientes idolatrada”. Esta frase envuelve totalmente la personalidad sicótica y mesiánica de quien prometió transformar a México, y lo que realmente ha hecho es obligarnos a olvidar muchos de los logros democráticos y avances de la sociedad mexicana, ahora quiere que nos olvidemos de Acapulco y ha de estar maquinando algo perverso para desviar la atención de su pésimo manejo de la desgracia. Todo esto no nos debe permitir olvidar que así como Agustín Lara, María Félix y Acapulco, hay mexicanos valiosos y pueblos hermosos en nuestro país que el año próximo de elecciones tenemos la oportunidad de salvar y preservar para reconstruir Acapulco y la nación entera.
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