Primero, una gran afirmación: el SARS-CoV-2, este coronavirus que golpea al mundo desde hace 25 meses, llegó para quedarse. Estará entre nosotros quién sabe por cuántos años más y, es probable que en el futuro se vuelva un virus estacional, como la influenza.
Ahora, parece perder fuerza letal, ya que la nueva variante, Ómicron, ciertamente es mucho más benigna que la Delta, por ejemplo.
Hay quien sostiene que, por la dinámica social, y gracias a tanto negacionista, indolente e irresponsables, la probabilidad de que todos resultemos contagiados en algún momento es muy, muy alta, pese al rigor que apliquemos en los protocolos sanitarios.
Ante esto hay expertos, como Alejandro Macías, que señalan que la altísima capacidad de propagación de Ómicron podría resultar muy beneficiosa.
Dicen que, si el virus nos va a pegar a todos, eventualmente, pues qué mejor que sea la variante menos dañina, la que compromete en menor grado la salud y cuyos síntomas son más ligeros.
Quién sabe, tal vez logremos la mentada inmunidad de rebaño y la forzosa convivencia con este virus ya no represente un peligro mayúsculo.
Y si usted entiende esto como una invitación a quitarse el cubrebocas, aglomerarse y abrazar a cuánto sujeto pase a su lado, con tal de contagiarse y contribuir a esa inmunidad de rebaño, le señalo algunos puntos.
Primero, tendría que estar absolutamente seguro de que será expuesto a la variante Ómicron y a ningún otra, lo que resulta literalmente imposible.
Segundo, que su sistema inmune es lo suficientemente fuerte como para garantizar que será asintomático o que los efectos en su organismo serán mínimos, y tercero, tendrá que estar absolutamente seguro de que no contagiará a nadie más, ya que podría tener un sistema inmune debilitado, y por lo tanto se pondría en riesgo.
Así que mejor olvídelo y asuma como una obligación el seguir rigurosamente con la sana distancia y el uso de cubrebocas, mientras –esperemos– el virus pierde aún más fuerza… aunque también existe la posibilidad de que aparezca otra variante de preocupación, que desplace a esta más o menos benigna Ómicron, y entonces, pues a volver a empezar, otra vez.
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