Carbonífera
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el domingo, 15 de febrero del 2026 a las 04:00
Sabinas, Coah.- “No se trata de cuanto amor hay al principio, sino de cuanto amor se construyó al final”.
En el marco de la celebración de San Valentín, una festividad de origen católico que conmemora las buenas obras realizadas por San Valentín de Roma, relacionadas con el concepto universal del amor, que con el paso del tiempo se adoptó como el día de los enamorados, en exclusiva para Zócalo, la historia de Óscar Luis Gauna Aguirre y Virginia Garza Aguirre, que han sido bendecidos por más de cinco décadas, con una hermosa vida matrimonial.
“Siendo prácticamente adolescentes, coincidimos en una casa de asistencia en Saltillo, ambos éramos foráneos, pero de familias cercanas a la señora que nos asistía”.
Las reglas eran claras, no se permitían noviazgos dentro de la casa.
Fue hasta que ambos nos recibimos, como Técnico Siderúrgico y maestra normalista, que iniciamos nuestro noviazgo en 1969, noviazgo que culminó en una hermosa boda en 1974, en el casino de la villa de Agujita.
Siendo veinteañeros, pensábamos que la boda era el final feliz del cuento de hadas, pero con los años aprendimos que es tan sólo el inicio del verdadero amor.
Ése que resiste como roble al paso del tiempo, pues casarse es la parte fácil, permanecer casado es el reto.
Tenemos muchas anécdotas como recién casados, todo nos causaba gracia.
Después llegó nuestra mayor bendición, nuestros hijos Marisa y Óscar.
Con ellos aumentaron las responsabilidades, se instaló la rutina, aparecieron algunos conflictos, se hicieron más notables los defectos.
Pero ambos compartíamos una ventaja, crecimos en familias estables, creyentes y respetuosas del matrimonio y del compromiso, nos educaron con ejemplos, valores como el respeto y la lealtad.
En este caminar hemos aprendido que el amor no es perfecto, pero tener un compañero en el que puedes sostenerte hace que la vida sea perfecta.
Los matrimonios jóvenes ya no dialogan, compiten haber quién tiene la razón.
Muchos jóvenes desechan las relaciones como si las personas fueran igual de reemplazables qué las cosas, porque no han aprendido qué el amor por sí solo no sostiene un matrimonio o una unión, lo sostiene el perdón, la paciencia, el trabajo en equipo, la fe a la promesa que le hiciste a Dios.
Nada que verdaderamente valga la pena será sencillo, pero llegar a la vejez teniendo una mano y un corazón que te sostengan vale todo el esfuerzo del mundo.
Hoy nos gozamos de ver la solidez de los matrimonios y las familias que formaron nuestros hijos.
Nuestros cinco nietos son un sueño hecho realidad.
“Entendimos que no se trata de cuánto amor hay al principio, sino de cuánto amor se construyó al final”.
Don Óscar Luis Garza Aguirre y Doña Virginia Garza Aguirre, un amor para toda la vida.
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