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Otra vez los migrantes

Por Jorge Castañeda

Hace 5 años

Al igual que durante el verano de 2014, y a principios de 2019, a Estados Unidos y a su Presidente en turno les ha estallado un “crisis migratoria” en la frontera sur. Utilizo las comillas porque el término es adecuado únicamente porque los medios y los adversarios de Biden han decidido que de eso se trata: los primeros porque llaman más la atención la palabra “crisis” que cualquier otra, los republicanos y Trump, porque les permite pegarle a su verdugo donde más creen que le puede doler.

La problemática encierra tres vertientes. La primera, la más dolorosa, es la de los menores no acompañados: los niños centroamericanos. Cada día llegan más a Estados Unidos, en parte porque más salen del Triángulo del Norte por la pandemia y los ciclones, en parte por las modificaciones a la ley migratoria mexicana en noviembre pasado, en parte porque los polleros aprovechan el cambio de Administración en Washington, y en parte porque en efecto, Biden quiere cambiar las odiosas políticas de Trump. Es una tragedia, pero es una tragedia de pequeña escala. Ayer, el número de menores acompañados bajo la custodia de las autoridades norteamericanas superó los 4 mil: más que antes, pero casi nada para un país de 330 millones de habitantes. Se trata ante todo de centroamericanos

La segunda vertiente son los solicitantes de asilo, en familias con niños y jóvenes, o adultos individuales. La mayoría son también centroamericanos, aunque hay venezolanos, cubanos, africanos, y algunos mexicanos. El dilema radica en la oprobiosa política de López Obrador, de aceptar la imposición de Trump de que esperen su audiencia en México, en condiciones abominables. Inicialmente eran unos 70 mil; nadie sabe hoy cuántos permanecen en la frontera mexicana, pero deben ser entre 25 mil –los inscritos con las autoridades estadunidenses– y los 70 mil que hubo al principio.

La tercera vertiente, la más importante y voluminosa, abarca el creciente número de mexicanos que están volviendo a irse a EU. De noviembre del año pasado a febrero de este año, fueron detenidas 351 mil personas por las autoridades fronterizas norteamericanas. De ese total, 201 mil, 59%, eran mexicanos, la mayor parte varones.

La pandemia, la caída de 8.5% de la economía mexicana, la pérdida de millones de empleos y la esperanza de que habrá una postura distinta incluyendo algún tipo de amnistía, seguramente contribuyeron a que una mayor cifra de mexicanos haya decidido partir hacia el norte. Si llegara a haber una recuperación como la que promete el Gobierno, tal vez este flujo disminuirá en la segunda mitad del año, pero es altamente probable que, de aquí al verano, antes de los calores infernales de la frontera, se siga elevando.

Biden enfrenta estos tres dilemas simultáneamente. El más vistoso es el de los niños; el más complicado jurídicamente es el de los solicitantes de asilo; y el verdaderamente difícil es el de los mexicanos.

En el tema de los niños, López Obrador puede ayudar a Biden en mantenerlos en albergues sanos, decentes, humanitarios, generosos, mientras EU los recibe. Ese sí es un acto humanitario a diferencia de las idioteces que dijo el Gobierno en turno, en mayo del 2019, a propósito de la política de Trump. En lo tocante a los asilados podría ayudar también a apoyar a la Embajada y los consulados de EU en México para que guatemaltecos, salvadoreños, y hondureños, solicitaran asilo en esas oficinas consulares para no tener que hacerlo en la frontera ni tampoco en sus países.

Legalmente, México tiene cómo impedir la salida de nacionales de nuestro país, por sitios designados para ello y con las personas en cuestión estando en posesión de toda la documentación necesaria, como reza la Ley General de Población, incluyendo obviamente un pasaporte y una visa para entrar a EU.

Obviamente lo que el Gobierno actual quiere es que Washing-
ton le envíe una gran cantidad de vacunas AstraZeneca o Pfizer, a cambio de ayudarle con el tema migratorio. Si se tratara solo de los centroamericanos, probablemente valdría la pena, aunque mucho dependería de cuántas vacunas y cuándo se entregarían, es un intercambio un poco cínico, un poco oportunista, pero comprensible.

Algo mucho más significativo sería que el Gobierno mexicano convenciera al de Biden que sí puede ayudarle incluso con controlar la salida de mexicanos, aplicando la Ley General de Población, a cambio de un aumento muy trascendente de por lo menos 100% de las visas H2a y H2b que se otorgan a los mexicanos. Este es el espíritu de la propuesta de López Obrador de volver al acuerdo Bracero de los años 40 y 60 con EU.

En el fondo, si en lugar de los 247 mil mexicanos que recibieron una visa H2a o H2b el año pasado, fueran este año más de 500 mil, una muy buena parte del problema de la migración se resolvería, para bien de EU y sobre todo para bien de México.

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