Por: Roberto Gómez Junco
Pero más increíble resulta que la gente de futbol, empezando por los dirigentes, no sean capaces de reconocer y asumir en su cabal dimensión el rotundo fracaso de la Liga MX en esta Leagues Cup 2024
Otra vez la dificultad para aceptar los fracasos, para asumirlos como tales. Según parece, en el futbol mexicano a la palabra “fracaso” se le teme más que al fracaso mismo.
Para Fernando Gago no fue fracaso el de las Chivas en la Leagues Cup, a pesar de haber salido de ella en la primera fase, con dos empatitos y después perdiendo en ambos el punto extra de los penales. No fue fracaso, porque esa palabra no existe en su particular diccionario.
Tampoco para Renato Paiva fue un fracaso o ni siquiera un mal torneo el del Toluca, porque terminó como líder de grupo y generó mucho, aunque le faltó en la definición, o porque se despidió jugando su mejor partido, o por lo que sea.
En esa misma tónica, para Fernando Ortiz no fue fracaso el del Monterrey, “porque fracaso sería no intentarlo”, o algo así. No importa que haya perdido ante el Austin FC, que haya empatado con los Pumas y caído en los penales, ni que los Rayados cuenten con uno de los tres planteles más poderosos en el futbol mexicano de la actualidad.
Tres excelentes directores técnicos, que sin embargo no supieron reconocer los respectivos fracasos, como paso indispensable para después procesarlos y canalizarlos adecuadamente.
A diferencia de André Jardine con el América, Martín Anselmi con el Cruz Azul y Veljko Paunovic con los Tigres, quienes en mayor o menor medida acertaron en el diagnóstico y más o menos reconocieron lo que a sus equipos les faltó para seguir avanzando.
A nivel de clubes puede resultar comprensible que los técnicos eludan la palabra fracaso en aras de proteger la propia chamba, aunque no entiendan que dejar de llamarle fracaso al que lo fue, sin ambages ni eufemismos, suele abrirle la puerta al siguiente, a la “normalización de los fracasos”.
Pero más increíble resulta que la gente de futbol, empezando por los dirigentes, no sean capaces de reconocer y asumir en su cabal dimensión el rotundo fracaso de la Liga MX en esta Leagues Cup 2024.
Insuficiente como argumento y como atenuante el de “es que todos los partidos se jugaron allá” (con el América, por ejemplo, fungiendo prácticamente como local en los tres que jugó), o el de “lo que pasa es que llegamos después de haber jugado apenas cuatro jornadas en nuestro propio torneo”.
De los 43 partidos que involucraron a equipos de ambas Ligas, 18 fueron triunfos para la MLS y 10 para la Liga MX. Con 15 empates, después de los cuales la MLS se impuso en nueve ocasiones por la vía de los penales, contra seis de la Liga MX. Y en Cuartos de Final seis estadunidenses y dos mexicanos, y en Semifinales cuatro equipos de allá y ninguno de acá.
Si eso no es un rotundo, vergonzoso, monumental fracaso para la Liga MX… ¿entonces cuál?
¿Por qué tanto temor a esa palabra?, ¿acaso no es ese, el de reconocer los fracasos y procesarlos, el primer paso para evitar que vuelvan a producirse?
Yo creo que sí.
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