Coahuila
Hace 1 año
Por: Luis Alejandro Flores Espinoza
El Paquete Económico 2026 llega en un momento crucial para México: una economía que se desacelera tras el repunte pospandemia, con presiones fiscales, demandas sociales y la necesidad de consolidar un modelo de desarrollo sostenible. Como todo paquete económico, se trata de una hoja de ruta con supuestos, prioridades y límites. Vale la pena analizarlo con espíritu crítico, resaltando lo positivo, lo negativo y los retos que encierra.
Lo positivo
Destaca la prudencia en los supuestos macroeconómicos. Para 2026, la Secretaría de Hacienda proyecta la inflación dentro del rango objetivo del Banco de México lo que muestra confianza en la política monetaria y en la estabilidad de precios; la estimación del crecimiento del PIB entre 1.8% y 2.8%, con 2.3% como supuesto puntual, si bien sigue siendo alta con respecto a la realidad de los últimos años, contrasta con estimaciones más optimistas de años anteriores que a menudo no se cumplieron. Esta mayor cautela abona credibilidad ante inversionistas y calificadoras.
Otro aspecto favorable es el énfasis en inversión en infraestructura: carreteras, proyectos energéticos y conectividad digital que pueden impulsar productividad e integración regional. Asimismo, se mantiene el compromiso con programas sociales prioritarios, lo que da certidumbre a millones de familias beneficiarias.
Lo negativo
Aun con sus virtudes, el Paquete Económico 2026 refleja limitaciones estructurales. El déficit público proyectado y el crecimiento de la deuda generan preocupación. Si bien México mantiene un nivel de deuda manejable frente a otras economías emergentes, la trayectoria ascendente puede volverse insostenible sin ingresos permanentes adicionales.
El punto más débil sigue siendo la ausencia de una reforma fiscal integral. El esquema recaudatorio descansa en una base tributaria reducida y en ingresos petroleros que, aunque estables en el corto plazo, son inciertos en el mediano plazo. No ampliar la recaudación limita la capacidad del Estado para invertir en salud, educación, seguridad y desarrollo regional.
Los retos
El gran reto para México es transformar el Paquete Económico en un motor de cambio y no sólo en un instrumento de contención. Ello exige tres líneas de acción:
1. Reforma fiscal progresiva y moderna: ampliar la base de contribuyentes, combatir la evasión y dotar de progresividad al sistema, garantizando recursos permanentes para inversión social y productiva.
2. Mejorar la calidad del gasto público: con evaluaciones, transparencia y eliminación de duplicidades. Gastar más no siempre significa gastar mejor.
3. Innovación y sostenibilidad: integrar criterios de economía verde, digitalización y formación de capital humano, de modo que México se inserte en la economía global con mayor competitividad.
Conclusión
El Paquete Económico 2026 es un esfuerzo por equilibrar estabilidad macroeconómica con continuidad social, pero carece de una visión estructural de largo plazo. No basta con mantener programas sociales e incrementar infraestructura: el país requiere una estrategia fiscal sólida y un gasto público más eficiente para enfrentar el futuro.
México tiene la oportunidad de usar este presupuesto como plataforma de transición hacia un modelo más justo, sostenible y competitivo. El tiempo de las decisiones difíciles ha llegado: o se aprovecha este momento para transformar, o se corre el riesgo de seguir postergando las reformas que el país necesita.
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