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¡Para EU el ‘tapado’ en México es Marcelo!

Por Ricardo Alemán

Hace 3 años

Detrás de la guerra declarativa que hemos atestiguado en días recientes, entre los gobiernos de México y Estados Unidos, aparece un ingrediente que pocos quieren ver.

En efecto, está presente y a los ojos de los mexicanos el “fenómeno piñata”, que practican los políticos republicanos y demócratas que aspiran a la contienda presidencial en Estados Unidos.

Un “fenómeno” que, en el fondo, no es más que una disputa para que el electorado norteamericano decida quienes, entre republicanos y demócratas, golpea más y con mayor fuerza a México, a su fallido Gobierno y, sobre todo, a su delirante Presidente.

Sin embargo, y más allá del evidente “fenómeno piñata”, también está claro que el Gobierno norteamericano ya inició una embestida contundente y con todos los recursos a su alcance para conseguir una mayor influencia en la decisión política más importante de cada temporada sexenal en México.

Sí, a través de sus informes sobre el mundo; mediante declaraciones de sus funcionarios federales; opiniones de legisladores y en general de políticos de todos los calibres, el poderoso Gobierno de Estados Unidos ya empezó a dibujar el perfil del mexicano o la mexicana que, según sus imperiales intereses, deberá ser el nuevo presidente mexicano.

¿Ya dibuja el poder imperial de Estados Unidos el perfil del candidato o candidata presidencial para el 2024? La respuesta a la interrogante anterior es afirmativa.

Sí, está claro que a través de acusaciones, descalificaciones, críticas, espionaje, informes y opiniones de alto nivel, el Gobierno norteamericano, el Congreso de aquel país y sus partidos políticos califican y/o, descalifican a aquellos políticos –mujeres u hombres del poder en México– a quien prefieren o no en el poder presidencial mexicano.

Por lo pronto y según tales informes, opiniones y declaraciones del más alto nivel, en Estado Unidos existe un total rechazo a la continuidad del fallido Gobierno de López Obrador; repudio que se expresa de manera clara y contundente.

Y es que, por ejemplo, legisladores de los dos partidos repudian la alianza del presidente mexicano con el crimen organizado; censuran el nacionalismo trasnochado de Andrés Manuel que riñe con el T-MEC; rechazan al populismo y condenan el acercamiento con las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua; además de que denuncian la persecución a la prensa crítica.

¿Y qué significa todo lo anterior? Elemental, que la potencia del norte, que el mayor socio comercial de México repudia la continuidad que propuso y prometió AMLO apenas el 18 de marzo en el grosero acarreo del Zócalo, en donde dibujó a Claudia Sheinbaum como sucesora de su impostura en el poder.

Peor aún, cuando el Departamento de Estado norteamericano reprueba a México en la defensa de los derechos humanos y en la persecución del crimen, la potencia del norte grita que México requiere un Presidente eficiente, enemigo de la violencia y el crimen y amigo de la justicia.

Sin embargo, y por pura casualidad, ningún “tapado” de López Obrador cumple con ese perfil y el que más se aproxima se llama Marcelo y se apellida Ebrard. Y aquí aparecen las preguntas fundamentales.

¿Es cierto, o no, que para el Gobierno de Estados Unidos el mejor candidato presidencial en México se llama Marcelo Ebrard? ¿Es cierto o falso que Marcelo se convirtió en aliado del Gobierno de Biden, para llegar al poder en México?

El tiempo y el imperio del norte tienen la respuesta. Por lo pronto, si aún dudan de que el Gobierno de Estados Unidos ya se metió a la sucesión presidencial mexicana, juzguen ustedes.

Apenas en la primera mitad de agosto del 2023, el exfiscal William Barr, dijo: “al presidente Obrador le gusta invocar celosamente la soberanía de México para impedir que los estadunidenses tomen medidas (contra el crimen), mientras él entrega la soberanía a los narcoterroristas”.

Según Barr, “López Obrador pretende que los cárteles queden libres para traficar drogas a Estados Unidos y, de esa forma, serán más pacíficos dentro de México. Esta política ha fallado”, dice en su carta.

En respuesta, un enojado y cínico López Obrador solo atinó a negar los hechos y acusó al Gobierno norteamericano de “mentiroso” y de “creerse el Gobierno del mundo”.

Luego vino una competencia de “dimes y diretes” entre el Presidente mexicano –que acusó a los norteamericanos de “mentirosos” de difundir “bodrios”, de hacer “politiquería” y hasta llamó al Departamento de Estado “un departamentito”– mientras que funcionarios de EU lo desmintieron.

¿Qué falta en la creciente disputa entre México y Estados Unidos? Sí, que el Gobierno de Biden declare su amor por Marcelo Ebrard.

Al tiempo.

 

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