La primera pregunta que habría que formularse respecto a la ruptura, después de ocho años juntos, entre Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa es ¿qué tenían en común como para haber formado una pareja de la que todo el mundo se preguntaba lo mismo? Era como si la también Premio Nobel de Literatura Annie Ernaux se hubiera enamorado de Julio Iglesias. Por lo tanto, tarde o temprano, era previsible su separación. La noticia no dejó de llamar la atención tanto del ámbito intelectual como de las revistas del corazón.
Sin duda, Preysler y Vargas Llosa eran la pareja imperfecta, título inspirado en el término que había acuñado el escritor sobre el Gobierno priista de México en los 90. Treinta años después, al autor de La fiesta del chivo le preocupa que regrese de nuevo “esta dictadura” con el Gobierno de López Obrador, tal como lo expresó en noviembre de 2019 en el Museo Memoria y Tolerancia: “Mucho me temo que este Gobierno esté retrocediendo un poco a México”. De allí que AMLO haya dicho apenas el 22 de diciembre del 2022 que la novelas de Vargas Llosa eran “como tomar Tafil, aburren”. Este Día de Reyes, habría que regalarle al Presidente la novela La tía Julia y el escribidor, para que evite tomar pastillas para dormir.
Inútil decir que la trayectoria de Mario Vargas Llosa, de 86 años, y la de Isabel Preysler, de 71, no tienen nada que ver. Son totalmente opuestas. Mientras que el primero está a punto de entrar a la Academia Francesa -su sueño de juventud- el próximo 9 de febrero, la segunda, seguramente este mismo año, estará a punto de entrar, una vez más, al quirófano para hacerse no se qué número de cirugía plástica. Mientras que el primero, “escritor del mundo”, insistió en decir, antes de viajar a París, que “los motivos de la ruptura no existen” (aunque muchos amigos cercanos insisten en que su distanciamiento se debió a “celos infundados” -el padre del escritor era también sumamente celoso-); la segunda, a punto de tomar un avión a Miami, declaró: “Mario y yo hemos decidido poner fin a nuestra relación definitivamente…”. Por lo pronto ya está lista para su venta la revista de corazón más famosa del mundo, en cuya portada aparece, naturalmente, “la reina de corazones” con su eterna sonrisa, cruzada de brazos y su perenne actitud súper “cool”, que parece decirnos: “Todo está bajo control. Aquí no ha pasado nada. Yo sigo recibiendo mi pensión que me dejó mi último marido, Miguel Boyer, y lo que recibo mensualmente por mis promociones y mi empresa de cremas. Afortunadamente, nunca me casé con Mario… Yo, aquí, tristona pero tranquila, en mi propiedad de 5 mil metros cuadrados en Puerta de Hierro”. En efecto, dicen que no ha habido año en que la modelo haya ganado menos de 1.5 millones de euros.
Juraría que Mario Vargas Llosa, en el fondo, se siente liberado. Ahora que está solo y no tiene que ir a ningún evento social, ni reality shows de Tamara Falcó, ni cocteles, ni desfiles de modas, ni comidas diplomáticas, ni lanzamientos de perfumes, ni a reuniones con los reyes de España, a donde siempre iba colgado del brazo junto a la “socialité” más idealizada del mundo; por fin, el autor de La orgía perpetua, reelerá en la primera edición de 1857, una vez más, su novela preferida: Madame Bovary, de quien confesara: “… ella (Emma) y yo compartimos estrechamente: nuestro incurable materialismo, nuestra predilección de los placeres del cuerpo sobre el alma, nuestro respeto por los sentidos y por el instinto, nuestra preferencia por esta vida terrenal a cualquier otra”.
Es cierto que a sus 80 años bien cumplidos, Vargas Llosa se dio la oportunidad, hasta sus últimas consecuencias, de vivir intensamente la pasión que le inspiró Isabel Preysler; es cierto que entonces sus hijos estaban encantados con la relación; es cierto que en esa época se sentía muy ilusionado y rejuvenecido (bendito Viagra) y también es cierto que la que estaba furiosa con la noticia era Patricia, su prima hermana y esposa por 50 años, y la que manejaba toda su agenda, sus finanzas, sus propiedades, etc. Algo ha de haber tenido Isabel Preysler para haber enamorado a un cantante, como Julio Iglesias; a un marqués, a un exministro y a un Premio Nobel de Literatura.
Una pareja imperfecta que, sin embargo, hizo soñar a millones de lectoras de las revistas de corazón e incluso a lectores de 80 años de uno de los mejores escritores latinoamericanos, no aburrido, Mario Vargas Llosa.
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