El reciente pasado económico: 1970-2018 es un severo juez que registra sin ambages el comportamiento financiero del país, especialmente en variables como tipo de cambio y deuda externa del Gobierno federal, entre otras, susceptibles a los cambios en el crecimiento económico (PIB).
La primera de ellas, se había convertido en el reflejo o consecuencia del manejo de la economía real durante seis años. Cada Presidente de la República cerraba su Administración con una depreciación del peso frente a la moneda estadunidense.
Mientras el endeudamiento en dólares de la Administración federal en el periodo señalado, presentaba un desempeño mixto; por una parte un crecimiento acelerado de la deuda a partir de 1976 hasta 1994; y después una tendencia a la baja, como consecuencia de los planes y programas de austeridad en el gasto público impuestos por el Fondo Monetario Internacional al Gobierno mexicano, para posteriormente en 2007, volver a repuntar y seguir con un crecimiento hasta el periodo de corte del análisis: 2018.
El peso frente al dólar. Después de que el Gobierno había aprovechado los beneficios del modelo de sustitución de importaciones, que operó con un tipo de cambio fijo por 22 años: 1954-1976.
Vino la primera desvalorización del peso. En aquel entonces un dólar se adquiría por 12.50 pesos, régimen cambiario que se abstraía de las variaciones del mercado de divisas; el Banco de México, como banquero central del Gobierno pagaba esa cantidad a cualquier demandante del billete verde, sin aparentes restricciones.
Ya en los estertores del desarrollo estabilizador, al término del sexenio 1970-1976, se presentaba la primera devaluación del peso frente al dólar, y así siguieron otras hasta el periodo 2012-2018; aunque de 1976 a 2018, se dieron algunos matices o cambios en la forma que Banxico regulaba a las divisas, que conviene citar, y que fueron producto de la mundialización de los mercados financieros y de la apertura de los mercados comerciales, así como de las presiones de los organismos supranacionales como el FMI.
En 1994 por recomendación de esta institución bancaria, el Congreso de la Unión otorgaba la autonomía técnica a Banxico que dejaba, al menos formalmente, de ser un anexo de Los Pinos. Pero, ya antes había abandonado el sistema de cambios fijo, para dar lugar al que funciona con el precio de la divisa dado por la compra-venta de la misma.
Paulatinamente se marginaba, la intervención del agente de Gobierno en el mercado de divisas, ahora solo lo hace la institución bancaria, cuando se presentan condiciones excepcionales en los mercados. El súperpeso. El patrón devaluatorio o comportamiento históricamente dado, desde, 1976, de la paridad cambiara peso-dólar ha tenido un parteaguas, que ha superado a las mejores expectativas que se tenían acerca de la apreciación de la moneda mexicana.
Al cierre de 2018, con el inicio de la nueva Administración federal, se tenían que dar 19.64 pesos para adquirir un dólar, mientras en julio de 2023, se necesitan menos de 17 pesos para realizar la misma transacción.
Sin importar que en la Administración 2018-2024, la economía haya tenido una caída sin precedentes; en 2020 cayó a menos 8.2% a raíz del confinamiento sanitario, e inmediatamente después, también tuvo que enfrentar la interrupción de las cadenas globales de suministros de bienes y materias primas como consecuencia del conflicto armado entre Rusia y Ucrania, que fue el detonante para disparar la tasa de inflación por encima del 7% anual, aparejada con incrementos en la tasa de interés de referencia, que llegaba a dos dígitos.
A primera vista parece que se presentaba un divorcio entre las variables económicas y las financieras, a que cada una de ellas seguía, aparentemente, trayectorias desasociadas.
Sin embargo, si se mira con más detenimiento el contexto económico, no es así. La disciplina fiscal en el gasto público que ha influido para mantener los equilibrios en los agregados macroeconómicos; la fortaleza del mercado laboral, con tasas de desempleo en mínimos históricos, la confianza de los inversionistas en el Gobierno, y el modesto, pero constante crecimiento del PIB desde 2021. Además, de otros factores que no deben de dejarse de mencionar, para tener la perspectiva completa de las razones del peso fuerte. Entre ellos, las diferencias en las tasas de interés estadunidense y las que fija Banxico, las cuales han sido históricamente mayores a las de la economía americana, el flujo de miles de dólares que llegan al país, enviados por trabajadores mexicanos radicados en Estados Unidos, y en menor volumen los dólares que se reciben por los sectores turístico e industrial en la rama de Inversión Extranjera Directa.
De enero a la mitad de julio de 2023, el peso se ha apreciado en promedio 13.44% con relación al billete verde. A pesar de todo lo anterior, surge la interrogante.
¿El actual tipo de cambio peso/dólar, se mantendrá con oscilaciones marginales hasta la conclusión del sexenio del presidente López Obrador?
Una probabilidad optimista, pero fundamentada en el comportamiento del pasado reciente de la economía es que sí. ¡El tiempo lo dirá!
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