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Coahuila

Parras y de la Fuente

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 4 años

‘No luchéis contra mi patria, porque mi patria es invencible’

Esta grandiosa frase fue pronunciada por un Coahuilense en circunstancias muy particulares, que hicieron gran eco en su tiempo, pero que además en estos momentos del acontecer político nacional y mundial, caen como anillo al dedo para ilustrar el origen de los sucesos que dan pie a las noticias que día con día nos sorprenden negativamente cada vez más.

La citada frase con la que doy inicio a la presente columna, es considerada un aforismo, que es el género literario más breve y más conciso, pues lo definen así sus propias características estructurales y de extensión. (investigando descubrí que el aforismo es más bien un subgénero de la rama didáctica). Un aforismo es una sentencia que pretende expresar un pensamiento o idea de manera concisa, coherente y en apariencia definitiva, en pocas palabras. Suele tener carácter moral o doctrinal tanto a nivel culto como popular.

“No luchéis contra mi patria, porque mi patria es invencible” le espetó el saltillense Juan Antonio de la Fuente cara a cara a Napoleón III en su palacio de las Tullerias en el centro de Paris, en Francia.

Hacer esto, por supuesto es mucho mas valiente y patriótico, que amenazar desde su propio Palacio Nacional, en su propia mañanera, con no ir a una Cumbre de las Américas si no invitan a sus amigos y homólogos dictadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Pero independientemente de comparaciones y analogías entre hombres y payasos, les relataré como y cuando sucedió este hecho tan significativo y lamentablemente poco conocido de la historia de México. Para empezar, Juan Antonio de la Fuente Cárdenas nació en 1814 en la todavía Villa de Santiago del Saltillo, perteneciente al territorio de Coahuila y Texas. Quedo huérfano a los siete años, en 1837 obtuvo su título de licenciado en derecho, en 1840 fue electo diputado federal, demostrando grandes dotes de oratoria. Debido a su conciencia democrática fue expulsado del país por el traidor Antonio López de Santa Ana, sin embargo a su regreso fue diputado constituyente, y expedida la Constitución de 1857, Ignacio Comonfort lo nombró ministro de Hacienda; posteriormente Benito Juárez lo designó ministro de Justicia e Instrucción Pública. Como jefe político radicado en Parras defendió los territorios de Coahuila y Nuevo León ante la invasión francesa. En 1864 y en 1867 fue Gobernador de Coahuila.

Pero independientemente de toda su brillante trayectoria, el evento más trascendente en su vida fue cuando en 1861, el presidente Juárez lo designa representante de la República mexicana ante el Gobierno de Napoleón III, en momentos en que este, aliado con Inglaterra y España, y con el pretexto de cobrarse una deuda, se preparaba para invadir a nuestro país y establecer aquí el fallido y trágico imperio de Maximiliano. Es, en este trance, cuando como ministro plenipotenciario de México, ante el propio emperador Maximiliano III en Francia, De La Fuente expresó: “México podrá ser conquistado, pero no sometido; y no será conquistado sin haber dado pruebas de valor y de las virtudes que se le han negado.” En una brillante pieza oratoria, Juan Antonio de la Fuente expuso las razones jurídicas de nuestro país para condenar la intervención, rematando con el repetido aforismo de: “No luchéis contra mi patria porque mi patria es invencible”. Viajó luego a Londres, donde, en la corte de Saint James, expuso las mismas bases jurídicas; sus argumentos influyeron para que meses más tarde, los gobiernos británico y español desistieran de su propósito de invasión armada, y se retiraran de nuestro territorio, hecho por el cual de la Fuente fue señalado como patriota excepcional, ya que evito una guerra con dos de las potencias militares mas grandes del mundo, a diferencia del “extraviado” de Palacio Nacional, que delira pensando que ser patriota es crear problemas y conflictos nacionales e internacionales.

Juan Antonio de la Fuente falleció pobre, tras larga enfermedad, el 9 de junio de 1867, y fue sepultado en la Rotonda de los Coahuilenses Ilustres en el panteón de Santiago en Saltillo. La escuela de bachilleres, el Ateneo Fuente, es llamado así en honor a este gran Coahuilense. En la explanada de esta institución podemos ver su efigie y en el Ateneo su legado.

Su nombre está inscrito en el cuadro de honor del Congreso del Estado. Fue declarado Benemérito del Estado mediante el decreto del 11 de enero de 1868 a iniciativa del gobernador Victoriano Cepeda. En ese mismo año se decretó que la villa de Parras se erigiera en ciudad, y llevara el nombre de Parras de la Fuente. Se otorga la Medalla Juan Antonio de la Fuente para premiar a los alumnos más destacados de la Universidad Autónoma de Coahuila.

A titulo personal, y ya conocedor de su gran historia y trayectoria, fue un emotivo honor para mí, acompañar a Fernando Orozco, Alcalde de la ciudad que lleva el apellido de este prócer, Parras de la Fuente, para que juntos ante su estatua, colocada en el centro de la ciudad, rindiéramos nuestros respetos y admiración al gran coahuilense don Juan Antonio de la Fuente.

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