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Coahuila

Parras y el ‘Orozquismo’

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 3 años

En el año de 1568 conquistadores españoles llegaron de Zacatecas a lo que hoy es Coahuila en busca de oro, y en medio del desierto no encontraron el mineral precioso, pero sí un verdadero oasis con manantiales de agua y una gran profusión de parras silvestres, mayormente en las riveras de sus arroyos. Once años después, el capitán Martín Antón Zapata emprendió el proyecto de colonizar debidamente la región en 1587, pero no fue hasta 1598, cuando acompañado del padre jesuita Juan Agustín de Espinoza, logró la pacificación, catequización y ocupación del territorio, al cual el 18 de febrero de ese mismo año, formalmente le dieron por nombre Villa de Santa María de las Parras. En 1599, por órdenes del virrey Gaspar de Zúñiga y Acevedo se procedió a trasladar hasta esas tierras a un grupo importante de indígenas tlaxcaltecas, que en ese entonces radicaban en Saltillo. Como testimonio de tal acontecimiento, la ciudad conserva una cruz que se encuentra en un sitio conocido como Cueva de Texcalco, lugar donde se creó la congregación indígena. Parras perteneció a la jurisdicción de la Nueva Vizcaya hasta 1785, ya que en este año la Nueva España se dividió en intendencias o provincias debido a las Reformas Borbónicas expedidas por la corona española. Como resultado de ello, Parras se agregó a la Provincia de Coahuila, perteneciente al grupo de las Provincias Internas de Occidente, cuya capital era Monclova. Los españoles identificaban a Parras con el Valle de los Pirineos (formado alrededor de las montañas del mismo nombre, situadas en el noreste de la península ibérica, y que hace de frontera natural entre España y Francia). Ambos lugares son muy propicios para el cultivo de la vid, destacándose en Parras un importante número de casas y bodegas dedicadas a la elaboración de vino, tales como las Antiguas Bodegas de Perote, Bodegas de El Rosario, Bodegas El Vesubio y Vinícola San Lorenzo, que a partir de 1893 lleva el nombre de Casa Madero, y cuya historia relacionada con Don Francisco I. Madero merece capítulo aparte. Una de estas bodegas, la de Perote, esta convertida ahora en hotel con el nombre de Antigua Hacienda de Perote, cuyo propietario, mi amigo y hermano, Nacho Chacón, continua exitosamente con la producción de vino y sotol, pero además de esta, rica en varios sentidos, experiencia para los visitantes, este hotel es el más cercano a la famosa Cueva de los Murciélagos, que como su nombre lo indica, alberga entre 40,000 y hasta 3 millones de estos extraordinarios animales, que son los únicos mamíferos voladores. Observarlos salir o entrar a la cueva, en el atardecer o amanecer respectivamente, y verlos volar en una monumental masa sincrónica, constituye uno de los espectáculos más fascinantes y bellos en el planeta, por lo que es uno de los principales atractivos turísticos de Parras.

Platicando con los habitantes de este “oasis en el desierto”, me cuentan que paradójicamente, –como en México y en todo el globo terráqueo–, tienen problemas de abasto de agua, pero además de este problema mundial, particularmente en Parras se quejan de una larga cadena de malos gobernantes municipales, siendo el colmo el anterior Alcalde proveniente de Morena, Ramiro Pérez Arciniega, quien tiene demandas legales por desvío de recursos públicos, abuso de confianza e indebido otorgamiento de cargos públicos, razones por las cuales puede inclusive terminar en la cárcel. Hace casi un año, conocí en un evento relacionado con las Cabalgatas de Parras a Fernando Orozco Lara, yo iba caminando por la calle a comprar unas cervezas en una tienda cercana cuando me lo topé en la acera; natural y cortésmente me saludó sin siquiera decirme su nombre, y como traía puesto un sombrero vaquero, le pregunté si venía a la reunión de los Cabalgantes, al contestarme afirmativamente, le dije que nos veríamos en un momento más en la convivencia. Cuando regresé a la reunión me lo presentaron nuevamente, pero ahora mencionándome los compañeros Poncho de la Fuente y el Médico de la Garza que él era el Alcalde electo de Parras, me sorprendió muy gratamente su humildad positiva manifestada cuando al saludarme no me dijo que era el Alcalde, desde entonces surgió una amistad que crece cada vez que coincidimos en algún lugar. Fernando trae la política en la sangre, su tío abuelo Crisóstomo “Choto” Arizpe fue Alcalde de Parras, otro tío abuelo, don Roberto Orozco Melo (a quien tuve el placer de conocer), fue Alcalde de Saltillo. Y directamente su propio padre, don Fernando Orozco Cortés fue asimismo Alcalde de Parras, y además diputado local, presidente del Congreso, director de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Gobierno estatal y magistrado de la Sala Civil en Saltillo del Tribunal Superior de Justicia del Estado.

Fernando Orozco Lara es un vivo ejemplo del hijo que admira a su padre y sueña que algún día cuando crezca será como él, y hasta ahora ha logrado cumplir con tres de esas aspiraciones, como licenciado en Derecho, notario y Alcalde de su natal Parras de la Fuente. La semana que entra relataremos qué significa esto para Fernando como ser humano y como servidor público.b

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