Solo un candidato independiente y tres partidos de los no tradicionales han ganado gubernaturas por ahora. Jaime Rodríguez, “El Bronco”, derrotó al PRI y al PAN en Nuevo León, en 2015, por el hartazgo ciudadano derivado de una sucesión de gobiernos estatales y municipales deshonestos.
Sin embargo, el primer Gobernador sin partido fue bloqueado por la alianza PRI-PAN en el Congreso. La incompetencia y falta de oficio del Ejecutivo, así como el manejo turbio de la Administración, no tardaron en defraudar a los neoleoneses.
Rodríguez Calderón fue acusado de delitos electorales tras su fallida aventura por la Presidencia de la República, pues desvió recursos públicos para la recolección de firmas que hicieran posible su registro.
La Agencia Estatal de Investigación lo detuvo el 22 de marzo pasado al salir de su rancho. Después de pasar varios meses en prisión preventiva ingresó a un hospital y ahora está en arraigo domiciliario.
“El Bronco” representó un fenómeno mediático. Ha sido el único candidato al Gobierno de Nuevo León en rebasar el millón de votos, pero en el ejercicio del poder resultó un fiasco.
La experiencia con “El Bronco” desacreditó a los gobiernos sin partido y alejó a los votantes que buscan nuevas opciones. Empero, los candidatos independientes afrontan múltiples desventajas frente a la ley y a las maquinarias de los partidos nacionales.
Los requisitos para el registro son excesivos, el financiamiento insuficiente y la cobertura mediática reducida. Bajo esa figura, en las elecciones para Gobernador de 2017 en Coahuila, Javier Guerrero, apenas obtuvo 8.3% de los votos (105 mil) pero aun así superó a Mary Telma Guajardo (1.67%) y a José Ángel Pérez (1.52%), postulados por el PRD y PT.
A escala federal sucede lo mismo. Margarita Zavala abandonó la carrera presidencial de 2018 por la inequidad en la contienda y Jaime Rodríguez, el otro candidato independiente, solo recibió 5.23% de los votos (2.9 millones).
Los partidos tradicionales, con tal de no perder poder, sembraron escollos para inhibir la participación de ciudadanos sin filiación política en comicios federales y locales en condiciones competitivas.
Sin embargo, ante el agotamiento y fracaso de la partidocracia, cada vez se insiste más en la postulación de candidatos surgidos de la sociedad incluso para las elecciones presidenciales de 2024.
En 2015 se inscribió medio millar de ciudadanos como aspirantes a candidatos independientes a cargos municipales, estatales y federales; 143 consiguieron su registro y de ellos solo seis fueron electos. En 2018 participaron 231 candidatos sin partido, 7 para gobernador, 38 para diputados federales, 4 para senadores, 62 para diputados locales y 162 para alcaldes.
Los independientes ganaron solo 18 presidencias municipales. En un texto sobre el tema, Fernanda Vidal, investigadora de la Universidad Panamericana, campus México, advierte que si bien los partidos no son un fin en sí mismo, “su significado deriva del papel instrumental que desempeñan. Permiten a los ciudadanos acceder al Gobierno y ejercer la autoridad y las responsabilidades cívicas” (Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, número 235).
Sobre el desempeño electoral de los candidatos sin partido, Vidal Correa atribuye su importancia “a la naturaleza cambiante de la política partidista (…). En muchos países se ha asociado el incremento de las candidaturas independientes con la disminución del apoyo o aprobación ciudadana de los sistemas de partidos y a su papel en los regímenes democráticos. Es claro que el descontento con las alternativas tradicionales empieza a evidenciar un malestar político que podría afectar a muchas democracias avanzadas”.
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