Arte

Publicado el jueves, 20 de mayo del 2021 a las 12:08
Ciudad de México.- Hace un año, Daniel Loyola salió de su departamento en el Centro para dirigirse a La Merced.
Iba por víveres y, mientras caminaba, todas las personas a su alrededor portaban cubrebocas. Él se rehusaba, pensaba que eran una exageración y el virus duraría dos semanas.
El exagerado uso de cubrebocas le abrumaba, contó que se sentía “en una película de terror”. Para él eran artefactos estériles y totalmente invasivos. Sin embargo, las conversaciones sobre los contagios que escuchó al interior del mercado le hicieron temer por su integridad.
“ Yo soy mascarero, y me dije ‘ahorita están de moda las máscaras’. De algún modo, pero todas nos dan miedo. No imagino los niños, si yo, como adulto, me impactaba. Sentía el miedo de los marchantes, pero teníamos que salir a la calle. A mí ahora me causa mucha ansiedad la gente en la calle”, contó el hombre de 35 años.
Así nació el Proyecto B’atz, una mascarilla artesanal con forma de mono, totalmente elaborada a mano con técnicas de escultura y cartonería que refiere a simbolismos prehispánicos y que, además, sirve como accesorio de protección contra el Covid-19.
Las máscaras están hechas con montones de capas de papel terminadas con algunos procesos químicos para impermeabilizaras. Además, tienen un filtro doble de tela que se pega con imanes.
Cada mono tiene, al menos, 30 capas de pintura y Daniel se tarda mínimo 15 días en realizar cada máscara, por ello, cuestan alrededor de 4 mil 600 pesos por el tiempo de trabajo que implican. Pero ya prepara una versión más económica.
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