Por: Horacio Marchand
El problema son los otros. La bronca está allá. La culpa la tiene el otro. Este paradigma tribal de “contra alguien” prevalece. De cierta manera, este Mundial lo atestigua. En lugar de preguntar “¿a quién le vas?”, también podría preguntarse: “¿Contra quién vas?”. En el caso de los mexicanos, de repente, una mayoría iba contra Argentina. ¿Qué no fue Inglaterra quien nos “sacó” del Mundial?
Estaba sentado comiendo en un restaurante viendo el partido Inglaterra contra Argentina, había unas 200 personas. Cuando cayó el gol inglés, el restaurante se cimbró con los gritos y los puños libertados levantados, casi como si se tratara de México. Cuando cayeron los goles argentinos, se oyeron exclamaciones de lamento.
¿Cómo fue que ese grupo de comensales “se organizó” para irle al mismo equipo? Me sale mi fibra académica y empiezo a hacer investigación. Pregunto aquí y allá y algunos, incluso enfurecidos, decían: Argentina ha sido favorecida por el arbitraje, es que nos ha ganado en varios mundiales en momentos clave, es que son muy creídos, se sienten superiores, y así.
Querer que pierda Argentina era por razones emocionales, que nada tenían que ver con lo racional. No importaba que Messi es un fenómeno, ni que fuese el último equipo americano en la contienda, ni la garra y habilidad de juego.
Hice un sondeo informal con encuestas en Twitter X, donde la pregunta era: A) le ibas a Argentina, B) le ibas a Inglaterra y C) ibas en contra de Argentina. Sin validez estadística, las respuestas coincidieron notablemente con el ambiente en el restaurante: 20% le iba a Argentina, 20% le iba a Inglaterra y el 60% iba contra Argentina. Abrumador.
Además, con un grado notable de hate. ¿Serán las redes y el algoritmo los que nos inflan nuestros peores demonios?
Por otro lado, en el partido al que pude asistir de Holanda-Marruecos, nuevamente el estadio “se puso de acuerdo” para irle a Marruecos, por lo que ipso facto iba contra Holanda, que era abucheado cuando tocaba el balón.
El punto: si le vas a un equipo, ¿es necesario, natural, racional, conveniente ir en contra del otro? O al revés: si estás en contra de un equipo, ¿por default le vas al otro?
El meollo es que odiar a lo mismo es un pegamento síquico fundamental. El odio unifica y genera una cohesión de grupo, quizás patológica, pero efectiva. Eric Hoffer, sociólogo, decía: “Allá en el fondo de la sique predomina la frustración personal y un sentido de vacío, por lo que el fanático se aferra a algo externo que promete cambiar al mundo, porque el mundo actual está equivocado y es culpable de que él sea un fracasado”.
La tribu, luce como un foro ideal para diluirse uno mismo en un movimiento más grande, que nos enaltece frente a nuestro sentido de pequeñez.
El sentido tribal se puede activar en cualquier momento, incluso en familias y no se diga en empresas. En el corporativo, frecuentemente el quehacer es más político que empresarial. Hay grupos/tribus tácitos o manifiestos, contra otros grupos.
Algunos conceptos de la sicología colectiva que ayudan a explicar este fenómeno:
Desindividualización. La persona se diluye en el grupo; renuncia parcialmente a su identidad individual y transfiere parte de la responsabilidad de sus actos al colectivo.
La sombra (Carl Jung). Emerge esa parte reprimida de la personalidad que acumula impulsos, envidias, resentimientos, sentimientos de inferioridad y emociones que el ego normalmente procura mantener ocultas.
El mecanismo del chivo expiatorio. El grupo proyecta esa “sombra” sobre una persona, un equipo o una nación que pueda ser simbólicamente sacrificada para descargar tensiones, culpas y frustraciones.
Identidad social (Henri Tajfel). Las personas construyen parte de su identidad a partir de los grupos a los que pertenecen. Para reforzar esa identidad, tienden a favorecer a “los nuestros” y a diferenciarse de “los otros”.
Finalmente, es futbol y ya; es parte de la diversión. Pero el lado oscuro se asoma, y asalta, en los momentos más insospechados.
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