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| La exposición muestra originales, negativos e impresiones de las fotos.

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Pedro Valtierra, 50 años de captar la historia social de los mexicanos; exponen sus fotografías

  Por Agencia Reforma

Publicado el viernes, 16 de mayo del 2025 a las 04:01


Muestra el fotoperiodista en el Centro de la Imagen una selección de sus mejores instantáneas

Ciudad de México.- Pedro Valtierra llega al Centro de la Imagen con un chaleco de fotorreportero, de esos que en algún tiempo se usaron para guardar rollos para las cámaras, y un ejemplar de segunda mano de Las almas muertas, de Nikolái Gógol. 

Esa costumbre, la de llevar consigo un libro a todos lados, se la debe al periodista Manuel Becerra Acosta, su jefe en el periódico Unomásuno. 

“Pedro, tiene que leer. Lea lo que sea, pero lea”, le decía el director del diario al entonces jovencísimo fotógrafo que, a finales de los años 70, ya acaparaba las primeras planas. 

Aunque por muy distintos caminos y con recursos disímiles, podría decirse que esa mirada aguzada de Gógol para criticar y denunciar las injusticias de su tiempo es la misma que Pedro Valtierra ha puesto detrás de la cámara. 

A lo largo de 50 años, desde las calles de la Ciudad de México hasta los parajes selváticos de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, el fotorreportero, quien en junio celebrará su 70 aniversario, ha privilegiado siempre los rostros y las historias humanas en su trabajo, incluso en las peores situaciones de guerras y desplazamiento forzado. “Yo siempre uso la palabra reportero y no periodista porque eso tiene varias connotaciones”, define en entrevista. 

“Aunque hoy no se hable de eso, pero los que somos reporteros, los que somos de la calle, sí sabemos quién es un reportero y quién es un periodista”. 

Es por este respeto al primer eslabón de la cadena informativa que, cuando habla de carrera, Valtierra (Fresnillo, Zacatecas, 1955) es más propenso a rescatar perlas de sabiduría de sus mentores y colegas, que a hacer apología de sus propias hazañas. 

Desde el recinto que le ha dedicado una exposición por su aniversario 50 como periodista profesional, el fotógrafo recuerda a los personajes de una época pretérita del periodismo mexicano, como a su colega Manuel Madrigal. 

Fue él quien, un buen día de 1975, después de un par de años trabajando como asistente en el laboratorio fotografía de Comunicación Social de la Presidencia de la República, le dio su primera cámara profesional, un rollo de 36 exposiciones y una hoja de papel. 

“Yo no te voy a decir nada”, le dijo Madrigal. “Aquí entra tu lente, aquí está cerrado, así abierto, y tú le vas a descubrir todo; tú me lo vas a enseñar a mí”. 

En la hoja en blanco, Valtierra anotó la velocidad y apertura de cada una de las fotos que iba tomando, hasta que, con la pura práctica, entendió el funcionamiento de la cámara. 

 

Un momento crucial 

Hoy, habiendo trabajado como fotógrafo en El Sol de México y Unomásuno, de haber sido jefe de fotografía en La Jornada durante dos periodos (1984-1986 y 1995-2000) y de haber fundado la agencia y la revista Cuartoscuro, reconoce que esa cámara, la hoja de papel en blanco y la guía de su colega fueron una escuela inmejorable. 

“Mientras me enseñaba, Madrigal me decía: ‘Para ser fotógrafo tienes que perderle el miedo a la luz’”, recuerda el consejo, ante la imposibilidad de ese momento de usar un exposímetro. 

Esta frase, que engloba el arrojo, la oportunidad y el cálculo que determinan la labor de un fotógrafo le da título al libro conmemorativo por sus 50 años de carrera: Sin Miedo a la Luz (Cuartoscuro). 

Ahí, decenas de fotografías de toda su trayectoria han quedado apuntaladas por textos de Élmer Mendoza y Pedro Mellado Rodríguez, además de pies de foto en verso del poeta Ricardo Yáñez. “Pedro es todo tierra / y, bueno, piedra también. / Mira tan bien / que por él miramos. / No es fotógrafo, es mirada. / Amorosa mirada / que nos hace mirar / el amor que sin ella / no podríamos tal vez ser”, escribió Yáñez. 

Esta alusión a la tierra y a la piedra no es casualidad, pues Valtierra no sólo ha retratado los rostros de los campesinos mexicanos y sus paisajes, sino que él mismo trabajó la tierra en su infancia. 

Tercero de una familia de ocho hermanos, sus padres perdieron el rancho familiar en Zacatecas a manos de un banco y tuvieron que migrar a la Ciudad de México cuando él apenas tenía 12 años. 

En la adolescencia, Valtierra vendió periódicos –sin saber, claro, que luego publicaría en sus portadas– y boleó zapatos en el Mercado de Cartagena, en Tacubaya. 

 

Un momento crucial 

En una incursión a Chapultepec en busca de trabajo, el muchacho llegó a la Residencia Oficial de los Pinos, donde boleó los zapatos del Estado Mayor Presidencial y de los periodistas de la Sala de Prensa. 

Fue ahí donde conoció el laboratorio de fotografía, en lo que describe como una experiencia sensorial, entre la oscuridad y el olor de los químicos, que lo enganchó para siempre. 

“Entro encandilado y cuando se va aclarando todo el cuarto oscuro”, se detiene, como alguien que claramente recuerda el momento crucial de toda una vida. “Ahí veo todo el proceso de revelado”. 

Para entonces, Valtierra ya había adquirido una cámara Kodak Instamatic, con la que comenzó su práctica, copiando los encuadres de los fotorreporteros que retrataban a los campeones del Gimnasio Jordán, donde el muchacho peso gallo también entrenaba. 

Desde que entró al cuarto oscuro, sin embargo, la vocación quedó cimentada, como lo muestra la exposición en el Centro de la Imagen, que él mismo imprimió. 

Abierta hasta el 13 de julio en Plaza de la Ciudadela 2, Centro Histórico, de la CDMX, la muestra despliega su cobertura en Guatemala y el Sur de México, a inicios de los años 80, para retratar la migración forzada a causa de las dictaduras militares y los alzamientos guerrilleros.  Titulada Volver a la Tierra del Quetzal, la exposición montada por primera vez en 1983 presenta una mirada puesta en el sufrimiento de los migrantes y los soldados, pero también en las pequeñas alegrías de los niños, en medio de las peores circunstancias. 

Me siento contento, he trabajado y, sin echarme flores, creo que respondí a lo que yo tenía que hacer, que no es fácil; es difícil”, evalúa sobre su carrera.  “Finalmente, la gente es la que sabe, porque yo no hice fotos para mí, sino hice fotos para la gente como periodista, que el primer motivo que uno tiene como fotógrafo es los lectores”, concluye. 

Con su chaleco de fotorreportero y su libro bajo el brazo, Pedro Valtierra recorre su exposición con cierto orgullo por el trabajo realizado, pero siempre con las enseñanzas de sus antecesores por delante. 

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