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Coahuila

Pepe Sánchez, pintor autodidacta

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

No recibió clase de nadie

Es admirable la destreza para pintar de José Antonio Sánchez Aguirre, quien tiene la habilidad para los más finos detalles, que hacen que sus cuadros sean “muy reales”, como si no fueran pintados a mano, sino extraídos de una fiel fotografía.

Desde muy niño, a los 4 años, demostró a sus padres la habilidad para dibujar, ya fuera con gises de colores o con aquellas pinturas de agua para el dibujo infantil, que se vendían en las librerías de la ciudad. Observador, como es, de pequeño su papá lo llevaba al circo, y ese mismo día estaba pintando con la representación objetiva de la realidad basada en la observación que desde infante posee.

Iba al cine y lo que le gustaba de la película lo pintaba. Sin embargo, no se dedicó de lleno a la pintura, más bien fue constructor de casas. Lo arduo del trabajo no le permitió finalizar la carrera de arquitecto como él hubiera querido, sin embargo, dio clases a alumnos de la especialidad en algunas escuelas de la ciudad.

El arte de la pintura no sólo debe tener la pasión, la inteligencia y la costumbre, sino la capacidad de observar las realidades que percibes. Esta es la verdad que no permite perder de vista las cosas. Esa la señal de que sin arte, no puedes crear, es la filosofía que no ofrece con palabras Pepe Sánchez, sino con la práctica.

He tenido la opción de conocer su obra y me quedo sorprendido de cómo maneja los detalles más mínimos de sus cuadros, lo mismo que en una acuarela, al pastel o al óleo.

Siendo empleado de la constructora TH de Saltillo, José Antonio Sánchez Aguirre recibe la  oportunidad de dibujar en el plano profesional invitado por el arquitecto Fernando Pérez Camacho, quien hacía las acuarelas para las obras de construcción que el cliente pedía, para ver cómo iba a quedar su casa o su edificio.

Sánchez Aguirre estudió Técnico en Combustión Interna en el Tecnológico de Saltillo, carrera que nunca ejerció. Algunos de sus maestros, que conocían su habilidad para el dibujo, le decían: “tú nunca vas a trabajar en esto”.

Tras pensionarse como constructor, Pepe Sánchez se dedicó de plano a la pintura, logrando buenos triunfos y trofeos, representando a la Universidad Autónoma de Coahuila, y dio clases en la Universidad Autónoma del Noreste.

Su calidad es indiscutible, y quien conoce su obra no me va a dejar mentir, es un perfeccionista. Recuerdo uno de sus cuadros, el rostro de un danzante del Ojo de Agua, cuyos finos pelillos de la barba no se le escaparon a la mano al famoso pintor.

Compitió con los grandes de la pintura regional del noreste, como dice él, “siendo un don nadie” y se quedaban sorprendidos cuando se traía para Saltillo varios primeros lugares en cada concurso en que participaba. Pepe Sánchez sigue pintando con la misma vocación que cuando empezó, hace 60 años.

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