Phubbing es un término acuñado en 2009, cuando los celulares y accesorios como tabletas y computadoras empezaron a hacerse presentes en todos los ámbitos. Ya habíamos pasado de la esclavitud de los mensajes SMS, cuando de pronto, las nuevas formas de mensajería explotaron.
La invasión a lo privado empezaba a incrementarse, hasta llegar a los niveles en los que estamos. Ahora es muy común encontrar personas vigilando los teléfonos celulares de sus parejas o plantándoles softwares.
La primera vez que me enteré de eso fue en 2012, cuando una maquillista que me atendía me contó cómo le hizo para traquear a su novio, a quien le revisaba todo: llamadas, correos y mensajes de WhatsApp. Otro caso con el que tuve que lidiar, fue el de una amiga sudamericana, cuyo novio también le había sembrado una aplicación en la cual él podía leer en tiempo real todo lo que le escribían y ella escribía en WhatsApp. Y en un formato menos tecnológico y más primitivo, fue cuando el esposo de una amiga mía de la secundaria le tomaba el celular mientras ella dormía y él se dedicaba a mensajear a las comadres de ella, para sopearlas.
Altera la convivencia
El celular no solo es un problema de candado para muchas personas que se sienten vigiladas a través de sus dispositivos de comunicación. Significativamente altera la convivencia. Quien busca en el celular de su pareja encontrará algo que sea incriminatorio, aunque no lo sea, porque ya no cuenta siquiera lo que encuentre, sino lo que la persona que busca cree que va a hallar.
En el caso del phubbing, esta actitud no solo altera la convivencia entre las parejas, sino que es exasperante para con todo mundo. Este vocablo deriva de la combinación entre la palabra phone y snubbing, que quiere decir, que ignora o no le pone atención a quien le acompaña.
Pasan a ignorarte
Creo que han aparecido demasiados vocablos o anglicismos para ilustrar situaciones ya conocidas. Ignorar a las personas mientras se manipula el teléfono celular es un acto que está naturalizado en nuestra forma de socializar. Me ha tocado muchas veces y casi no lo tolero. Prefiero irme o no estar, en particular cuando se trata de escenarios personales y, en cuanto a profesionales, lo idóneo sería tratar con alguien que atienda por completo, y ya es decisión de cada quien si quiere sostener un contacto semiatento, con alguien que no va a poder retener la atención más de 5 minutos sin tomar luego el celular.
El phubbing es una forma de descortesía que no debe ser tolerable. Ya existen demasiados protocolos para entablar comunicación que más bien suponen barreras, como lo es el inverosímil hecho de que, antes de llamar por teléfono a una persona, es necesario enviarle un mensaje WhatsApp. ¿No se supone que todo esto era para facilitar todo?
En una investigación del Pew Research Center, publicada en 2018, se informó sobre el crecimiento gradual del uso de celulares, de que en países machistas como India, México, Hungría o Chile, por ejemplo, la población de hombres con celulares superaba en 10% a la de mujeres y cómo las poblaciones más jóvenes, menores de 25 años, eran las que más usaban redes sociales, lo cual no solo demostraba el crecimiento de la industria tecnológica y la demanda de sus productos, sino también el enorme abismo que se estaba empezando a forjar en la comunicación entre las personas.
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