El presidente Andrés Manuel López Obrador se ha referido repetidamente al “tiradero de obras” recibido del Gobierno de Enrique Peña Nieto. Uno de los proyectos anunciados con bombo y platillo por el “Cachorro de Atlacomulco” fue el Tren Interurbano México-Toluca con un presupuesto de 40 mil millones de pesos. Debió estrenarse en 2018. Siete años después de iniciada, la obra sigue inconclusa y su costo final podría exceder los 100 mil millones de pesos.
Una joya de la corrupción de la corona peñista, mas no la única.
“Se dedicaron a hacer negocios en las pasadas administraciones; a construir edificios (…), hospitales que dejaron sin terminar.
Hay un tiradero de obras por todo el país”.
David Guillén Patiño rescata la declaración de AMLO en su columna Palabras Mayores, publicada por la revista Newsweek México en su edición del 23 de julio. Bastión del PRI, Coahuila “continúa a merced de los viejos vicios”, apunta.
Y también de los nuevos, pues el autor denuncia el basurero de obras hallado por Miguel Riquelme. Por ejemplo, el Centro Oncológico Salvador Chavarría, inaugurado por Rubén Moreira, sin estar terminado, para vestir la despedida de su Gobierno mediocre.
El hospital abrió apenas el 5 de julio. Todavía no opera en su totalidad por falta de presupuesto. Otro de los elefantes blancos del Gobierno de Moreira fue el Hospital General de Torreón.
Rubén Moreira, coordinador de la fracción parlamentaria del PRI en la próxima Legislatura federal, dedicó los seis años de su Gobierno a cubrir las tropelías de la Administración de su hermano Humberto, así como las propias.
En su sexenio se desviaron cientos de millones de pesos a empresas fantasma.
Mientras, la Fiscalía General y el Sistema Estatal Anticorrupción no hacen otra cosa que mirarse el ombligo. El Congreso local y el Tribunal Superior de Justicia –donde el moreirato tiene incondicionales– cierran la pinza de la impunidad.
La obra más ostensible abandonada por Rubén Moreira es el Metrobús Laguna, cuya bolsa alcanza los mil 500 millones de pesos, federales, estatales, municipales y privados (Capitolio, 27.08.21).
El proyecto estuvo desde un principio envuelto en sospechas de corrupción no investigadas.
El presidente López Obrador conoce la historia.
Hace dos años canceló el tramo correspondiente a Durango (Gómez Palacio-Lerdo) para dedicar los recursos a inversiones en salud y agua potable.
Del lado de Torreón y Matamoros, la infraestructura se deteriora cada día y aún no existe fecha segura para iniciar operaciones.
El Gobierno de Coahuila podría recurrir a más deuda para terminar el “Metrobús encantado” mediante el esquema de Asociaciones Público Privadas (APP).
Sin embargo, antes es preciso someter el proyecto a una auditoría técnica y financiera para deslindar responsabilidades.
El fraude lo ha denunciado el diputado local Rodolfo Walss Aurioles (PAN), quien demanda concluir el sistema de transporte, revisar el presupuesto y abrir una investigación.
La respuesta ha sido una andanada de ataques en columnas políticas por su “protagonismo”. Los laguneros no deben esperar más por el Metrobús, cuya ociosidad incrementa su costo.
Cuando la obra se retome, deberá reconstruirse la infraestructura dañada. Quizá la terminación se pospuso para que un alcalde del PRI la inaugure. La Laguna no ha dejado de ser castigada por la politiquería e incuria.
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