No cabe duda, tenemos un Presidente muy peculiar, que rompe todos los moldes; que es capaz de decir cualquier cosa con una solvencia, como si lo que dijera fuera verdad absoluta, aunque las cifras oficiales lo desmientan, aunque la realidad le grite otra cosa, aunque les ponga los pelos de punta a los que saben, aún dentro de su Gabinete, que lo que dice forma parte de un universo paralelo, el de los otros datos, pero que no tiene nada que ver con el México real… y lo más notable del asunto es que al Presidente no le importa.
¿Y por qué habría de importarle? Total, en nuestro país no existe una oposición articulada y sólida que pueda hacerle frente, que lo obligue a matizar a reconocer, a rectificar. ¿Por qué habría de importarle? Si el pueblo bueno y sabio lo apoya mayoritariamente, si aún cree ciegamente en él y las recientes encuestas de aprobación lo demuestran.
¿Por qué habría de importarle mentir, manipular, dibujar escenarios alternos que poco tienen que ver con la realidad, si al final del día todos se someten a su voluntad?
Claro, no hay ninguna razón para que al Presidente le importe decir lo que dice, meterse donde se mete, insultar a quien insulta y seguir polarizando al país, si hasta el momento le ha funcionado.
Es un maestro distractor; coloca en la agenda de discusión pública temas políticos, electorales, mientras los grandes problemas del país siguen ahí, creciendo. Y qué importa, si puede hacer y deshacer literalmente a su antojo.
Los grandes capitales están contentos. No han sido tocados ni con el pétalo de una rosa. Los grandes negocios siguen en marcha y los hombres más ricos del país, los Slim, los Salinas Pliego, siguen en su nicho y gozando de las mismas canonjías de siempre.
Pasan cosas, pero en el fondo, no pasa nada. El país en sus entrañas es exactamente el mismo de inseguro, desigual, con los mismos niveles de pobreza y marginación, con las mismas carencias y asignaturas pendientes que hace 1, 3, 6 años…
Y todo esto se debe, en parte, a que las llamadas fuerzas de oposición no son más que una bola de payasos ridículos, más quemados que bruja en hoguera. Y así, ¿por qué habría de importarle un comino al Presidente decir y hacer lo que dice y hace?
Ni hablar, este es el México que, por acción u omisión, todos construimos y por eso, precisamente por eso, nos gobierna quién nos merecemos.
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