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Redacción
Publicado el viernes, 1 de mayo del 2015 a las 14:01
Cecilia Rivas | Saltillo.- La tinta negra se asoma un poco bajo la manga de su blusa. Marisa Rodríguez es mamá soltera, y no ha conseguido un trabajo estable por la discriminación laboral que causan sus tatuajes. Un negocio propio sería el medio ideal para mantener a sus niños, pues no tendría que enfrentar los prejuicios de la gente.
Nunca imaginó que su matrimonio fracasara. Luego de tener tres hijos, la violencia física que le infligía su esposo se volvió insoportable.
“Yo sólo seguía ahí por mis niños. Un día los golpes se volvieron más frecuentes y dejó de mantenerlos. Entonces entendí que era tiempo de separarme y sacarlos adelante por mis propios medios”.
Su ex esposo se negó a darle pensión, pero esto no fue un impedimento para que sus hijos estudiaran. Vendiendo pasteles o comida, ella se encarga de que no les falte nada. Cuando intentó buscar un empleo más estable, se topó con otra limitante.
“He ido a fábricas, con cuerpos policiacos, a comedores y algunos bares pidiendo trabajo. En el momento que ven mis tatuajes se niegan y me dan cualquier excusa. Algunos son directos y me comentan que los tatuajes les impiden contratarme”.
Por este motivo, pese al calor del día, Marisa lleva puesta una blusa oscura de manga larga que no deja ver sus tatuajes. Está cansada de que algo tan personal le impida darles una mejor vida a sus hijos.
Su único deseo es poner su propio negocio que le permita tener mayores ingresos y tener algo más que ofrecerles.
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