Un prominente activista contra el consumo de refrescos y golosinas prohibió a su hijo de 4 años comer productos “chatarra”. En una fiesta de la escuela, sin embargo, el pequeño recorría el patio y recogía los dulces del suelo para engullirlos con una evidente desesperación.
El afán prohibicionista lo vemos reflejado hoy en la aprobación, el 5 de agosto, de un nuevo Artículo 20 Bis de la Ley de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes por el Congreso de Oaxaca. La disposición, que debe aún ser publicada por el Ejecutivo, prohíbe la distribución, donación, regalo, venta o suministro de bebidas azucaradas y alimentos envasados de alto contenido calórico a menores. “La presencia de estos elementos en la dieta infantil deviene en obesidad, sobrepeso, diabetes y otras enfermedades que merman considerablemente la calidad de vida de las personas e incluso ocasionan la muerte”.
La clave de la prohibición es que afecta solamente a “bebidas azucaradas” o “alimentos envasados de alto contenido calórico”. Si la bebida tiene un alto contenido natural en azúcares, no está incluida; si el alimento cuenta con un alto contenido calórico, pero no está envasado, tampoco. El problema de salud, según esto, lo provoca el envase y no el contenido calórico.
Los ataques contra las bebidas y los alimentos procesados, pero no contra los de alto contenido calórico, se han multiplicado en nuestro país en los últimos años. En 2014, la clase política promulgó un impuesto especial a refrescos y alimentos procesados de alto contenido calórico, que disminuyó las ventas, pero solo unos meses.
No hay indicios de que haya bajado el sobrepeso, la obesidad o la diabetes. La medida fue recaudatoria, aunque poco progresiva, ya que afectó mucho más a los pobres; no tuvo, sin embargo, ningún beneficio para la salud, como pretendían los políticos que la impulsaron.
Lo mismo ocurrirá, seguramente, con la nueva prohibición en Oaxaca. Quizá sirva para acosar a los pequeños comerciantes, que serán multados u obligados a pagar sobornos, o para fortalecer el mercado informal. Puede también ser una manera de generar problemas a las familias, muchas de las cuales mandan a sus hijos a hacer compras a las tiendas cercanas.
O tal vez sea una forma de ocultar las 50 mil muertes oficiales, muchas más en realidad, de la Covid-19, como ha pretendido el subsecretario de salud Hugo López-Gatell. No reducirá, sin embargo, el sobrepeso, la obesidad o la diabetes.
Estas condiciones tienen orígenes multifactoriales. En parte son producto de una ingesta excesiva de calorías y azúcares, aunque no solo de productos envasados, ya que las garnachas y fritangas sin envasar tienen contenidos calóricos muchas veces superiores. Los hábitos sedentarios son también parte del problema.
Los políticos que han aprobado esta prohibición solo buscan, por razones ideológicas, atacar a la industria de alimentos y a los comercios pequeños, aunque al final la medida difícilmente resultará eficaz siquiera para eso.
Los niños seguirán obteniendo y consumiendo alimentos y bebidas que los engorden. Si realmente los legisladores quisieran mejorar su salud, la estrategia tendría que ser completamente distinta. Deberían empezar por educar a los niños, y a sus padres, sobre los buenos hábitos alimenticios y el ejercicio. A los prohibicionistas, sin embargo, no les interesa impulsar medidas que funcionen.
Inversión
La inversión fija bruta cayó 38.4% en mayo en comparación anual, pero el Gobierno sigue tomando medidas para obstaculizar o cancelar inversiones. Hacienda, a su vez, presenta en sus informes el programa Créditos a la Palabra, un subsidio, como si fuera inversión pública. ¿A quién quieren engañar?
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