Arte

Publicado el domingo, 4 de abril del 2021 a las 09:55
Monterrey, NL.- En medio del duelo por la pérdida de un ser querido, la crisis que vino a dar un giro de 180 grados a la vida o incluso una pandemia como la actual, que pone en riesgo la salud de millones, las personas pueden realizar prácticas que los llenan de tranquilidad, esperanza y fortaleza: son la oración y la meditación.
Estos momentos para la interioridad reflejan la importancia que la religión y la espiritualidad tienen en el día a día, señala el psicoterapeuta José Luis Leal. Y no, estos conceptos no son sinónimos.
“La religión siempre ha sido una fuerza social y cultural. Estructura las comunidades, le da sentido al universo, establece rituales, da pertenencia, resuelve para muchos, a través de su fe, la gran incógnita de qué va a pasar cuando mueran”, dice el especialista, quien ha estudiado las relaciones entre la psicoterapia y las prácticas religiosas y espirituales.
La espiritualidad, agrega, es una dimensión humana.
“Puede estar presente en muchas religiones, pero también en espacios de creencias no estructuradas, e incluso cada vez lo vemos más en espacios seculares, cuando, por ejemplo, escuchamos en las empresas pláticas de trascendencia, realización y propósito de vida”.
Independientemente, continúa, la religión y la espiritualidad tienen que ver con formar conexiones que van más allá o son más grandes que uno mismo, ya sea con un ser supremo o, si no se cree en alguna deidad, en aspectos como la naturaleza, la filosofía, la ciencia, el arte o la energía universal creadora.
SÍ AYUDAN
¿Pueden la religión y la espiritualidad traer beneficios a la vida? La respuesta es compleja, apunta la psicoterapeuta psicoanalítica Diana Cruz Siller.
“En temas de salud, quiero enfatizar que ni la religión ni la espiritualidad van a sustituir la importancia y la fuerza que tienen los tratamientos físicos y psicológicos que llegue a necesitar una persona”, explica quien también es profesora del Tecnológico de Monterrey y la UDEM.
Pero una vez hecha esta aclaración, afirma que el contacto de la gente con lo trascendental y lo superior sí tiene sus bondades.
“Por ejemplo, hay investigaciones en diferentes instituciones del mundo donde las personas con un alto grado de religiosidad y espiritualidad tienen a sus células y tejidos en mejores condiciones para recibir tratamientos por enfermedades, y también ven efectos más positivos en sus tratamientos. Eso lo han demostrado hasta con (estudios de) resonancias magnéticas”.
Básicamente, añade el psicoterapeuta Leal, la religión y la espiritualidad brindan contención.
“Sabes a quién ir, en quién o qué depositar emociones o sentimientos complicados, y de ahí te puedes agarrar ante situaciones inciertas, pérdidas y dolor.
“Nos ayudan a simbolizar, y eso (le facilita) al cerebro procesar las experiencias fuertes, a tener consuelo, a dar un sentido, a tener cierres, aprendizajes, y a llegar a un espacio de más calma y paz”.
En el caso específico de la religión, indica, también es indudable el efecto que tiene en la vida social y los calendarios. Es suficiente ver, por ejemplo, que esta Semana Santa marcó, hasta para los no creyentes, un tiempo de convivencia familiar, vacaciones, reposo, contemplación y reflexión sobre cómo va el año.
ORAR Y MEDITAR
La oración y la meditación implican atención y alta concentración que llevan a la comunión, la relajación y la tranquilidad, coinciden Leal y Cruz Siller.
“Son puntos de intención y de atención para conectarnos con esto que es más grande que nosotros mismos. Dentro de la religión, claro está, sería con una o varias deidades”, dice el psicoterapeuta.
“Pero esto (el estado de comunicación con lo trascendente) se puede hacer con cualquier práctica espiritual o meditativa, con cualquier religión o perspectiva, incluyendo la atea. Se trata de que veamos más allá de la realidad humana y mundana, o sea, que enfoquemos la atención y la intención en algo superior e inmaterial, y eso nos transmita fe, esperanza, seguridad y tranquilidad”.
Lo anterior, añade, ayuda a que la mente deje de estar dispersa y encuentre claridad sobre lo que quiere y necesita en la vida.
Este hondo lazo con los dioses o el cosmos funciona incluso cuando se repiten rezos tan conocidos como el Padre Nuestro o el Ave María.
“Todos los rituales que hagamos porque nos apropiemos de ellos, o toda relación significativa que tengamos con la tradición y lo hecho miles de veces van a estar cargados de sentido para las personas, y van a ayudar a conectarnos con lo superior”, aclara.
EN PALABRAS DE EXPERTOS
Consultados por EL NORTE, guías religiosos y espirituales de la Ciudad explican el poder de la oración y la meditación.
‘MENTE FELIZ Y APACIBLE’.- Guen Kelsang Shima
La meditación es una acción mental muy importante. Con ella podemos transformar nuestra mente de negativa a positiva. Ya que su función es familiarizarnos de manera profunda y sistemática con objetos virtuosos, como la compasión y la sabiduría, nos permite mantener una mente feliz y apacible en todo momento.
La oración es una acción mental muy poderosa. En general damos más importancia a las acciones físicas y verbales, pero las mentales son más importantes. Por medio de la oración abrimos nuestro corazón a los seres iluminados, contemplamos sus buenas cualidades, generamos el deseo de ser como ellos y podemos recibir con rapidez bendiciones, su ayuda y su protección.
Es muy beneficioso combinar la oración con la meditación. Cuando nuestra mente recibe la inspiración de los seres sagrados, se enfoca con mayor facilidad con estados mentales significativos y se vuelve clara, lúcida y apacible.
Además, la oración es un poderoso método para beneficiar a los demás y aliviar el sufrimiento en el mundo.
La autora es maestra budista de la meditación del Centro de Meditación Kadampa de Monterrey.
‘Un diálogo con Dios’.- Presbítero Rafael García Saucedo
El término oración proviene del latín oratio, que significa hablar o discurso. Los creyentes comprendemos la oración como un diálogo con Dios, una necesidad del espíritu de encontrarse con su creador en todo momento.
La oración nos hace conscientes de la presencia de Dios en nuestro interior, en nuestro prójimo, en el mundo, y esto nos da seguridad y estabilidad emocional en los momentos de tribulación, como los que hoy vivimos.
Para vencer las batallas de la vida nos es necesaria la fuerza y la paz que nos viene de Dios. Y lo único que se necesita es ser humildes para reconocerlo y poder recibir gratuitamente el don de la oración.
Santa Teresa del Niño Jesús decía: “Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría”.
El autor es vicario de la Parroquia Espíritu Santo, en Guadalupe.
Más sobre esta sección Más en Arte
Hace 11 horas
Hace 11 horas
Hace 11 horas
Hace 21 horas
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia