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¿Qué es lo realmente importante?

Por Alejandro Irigoyen Ponce

Hace 5 años

Una pregunta, ¿es correcto ignorar los problemas, ponerlos en pausa? Pues por el actuar de nuestras autoridades parece que sí. Que la pandemia, que la crisis económica, que la inseguridad y la violencia en la que está sumido el país; que el golpe devastador de la sequía extrema, que si esto o lo otro… todo, todo tendrá que esperar. Hoy lo único que importa es la agenda político-electoral y la rebatinga por las posiciones de poder que se decidirán en las urnas el próximo 6 de junio.

La pandemia, que si bien se encuentra en un periodo de bajo impacto, sigue presente, y no hay que olvidar que marcó en términos de tragedia a miles y miles de hogares mexicanos y a todos en general, en cuestiones de calidad de vida.

Sufrimos las secuelas de la crisis que detonó la cuarentena extendida y el posterior y errático proceso de reapertura. No hay que olvidar que miles de pequeños negocios cerraron y que, en centenares de empresas, por ejemplo, ni siquiera podrán dar utilidades a sus empleados. Se perdieron miles de puestos laborales y el impacto fue brutal en el sector informal de la economía.

La sequía no es un asunto menor. La falta de agua afecta 83% del territorio nacional y en cerca de 40% del país la sequía es de severa a extrema. Y ojo, sí es un problema, y de los graves, ya que entre otras cosas le pega, primero y más fuerte, a los que menos tienen y, eventualmente, termina por afectar la economía de todos por la inminente escalada de precios ante la disminución en la producción agropecuaria.

Y qué decir de la violencia e inseguridad. El país, el estado y el municipio, en mayor o menor medida, sufren cotidianamente el embate de la delincuencia y de agresiones de todo tipo, incluso en el seno familiar.

Estos, entre otros, son los problemas que entraron en “pausa”. Lo único que importa es extender hasta los límites del maniqueísmo absurdo la gran batalla entre conservadores y liberales, entre corruptos y honestos, entre fifís y transformadores. Eso, parece, es lo único que importa.

Habrá que aguantar hasta después del 6 de junio y esperar que todos los problemas, los reales, los que afectan nuestra cotidianidad, se sometan a la agenda política y al menos no crezcan, hasta que nuestras autoridades se decidan, finalmente, a atenderlos; hasta que entiendan que la realidad no cambia a golpe de discursos y que la única batalla que deben librar es por el bienestar ciudadano, y ya dejar de agotarse en los dimes y diretes en ese circo vulgar en que se ha convertido el quehacer de quienes “administran” el destino de la nación.

En fin, como buenos mexicanos, forjados a hierro, obligados una y otra vez a soportar a una clase gobernante inepta, corrupta y vulgar, no nos queda más que seguir luchando por sobrevivir a esto que es hoy el país.

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