“Nunca hemos llamado a una movilización violenta, jamás en toda nuestra vida”, dijo ayer en su mañanera la Presidenta de México. Desafortunadamente ella usó muy a la ligera esa palabra: “De ser necesario, nos vamos a movilizar, porque no queremos que haya impuestos a las remesas de nuestros paisanos de Estados Unidos a México, que atienden a los más necesitados”, dijo textualmente Sheinbaum a finales de mayo en San Luis Potosí, como reacción a la medida que pretende aplicar el gobierno de Trump y que significaría un golpe tremendo a la economía mexicana y a muchos hogares. Y agregó: “Hicimos un llamado para que nuestros paisanos que están allá les enviaran cartas, correos electrónicos, en sus redes sociales, a los senadores, para que les digan que no estamos de acuerdo con eso”.
En esa ocasión, la Presidenta abundó sobre el esfuerzo que realizan los migrantes mexicanos en EU: “Nosotros dijimos claramente que no estamos de acuerdo con eso, porque nuestros hermanos que están allá trabajan duro y pagan sus impuestos y es injusto que, además haya un impuesto por el dinero que le mandan a sus familias, eso no debe ser así…».
Ahora que el asunto escaló y se puso de color hormiga, tras las redadas masivas y las protestas violentas en Los Ángeles, Sheinbaum replicó a los señalamientos que la responsabilizaron de los hechos: “Debe quedar claro, condenamos la violencia, venga de donde venga. Llamamos a la comunidad mexicana a actuar de manera pacífica y no caer en provocaciones”. Por fin, ¿en qué quedamos? En la supuesta “movilización” o que todo fue un simple mal entendido o un “lapsus calami” (falta o equivocación cometida por descuido).
De suyo la palabra “movilización” tiene muchos usos tanto en inglés, como en francés o español. La Wikipedia se refiere a la movilización militar: “La movilización puede ser parcial o total, según la intensidad del conflicto”. “Mobilization”, en inglés, se utiliza en casos de batallas o guerra; aunque también se usa en actividades que tienen que ver con el trabajo.
Queremos pensar que la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos bajo la segunda Presidencia de Donald Trump, Kristi Noem —quien fue la primera gobernadora de Dakota del Sur, coronada como la Reina de las Nieves en ese estado durante su juventud—, tomó a pie juntillas las declaraciones de la Presidenta de México, por lo que declaró este martes en el Despacho Oval:
“Claudia Sheinbaum salió y alentó más protestas en Los Ángeles, y yo (‘the snow queen’) la condeno por eso. Ella no debería de estar alentando protestas violentas, como las que estamos viendo”. Y por si fuera poco, agregó: “La gente tiene derecho a protestar pacíficamente, pero la violencia que estamos viendo no es aceptable y no va a suceder en Estados Unidos”. Era evidente que Sheinbaum iba a salir en su propia defensa: “Es absolutamente falso”.
Todo lo anterior se parece a aquella canción de Celia Cruz, “Burundanga”, que dice: “Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Fuchilanga, le echó a Burundanga… Ay, qué lío”, exclama la gran cantante.
De ninguna manera quisiéramos trivializar este asunto, es demasiado grave y muy peligroso, pero no podemos dejar de afirmar que la Mandataria está muy mal asesorada, se expone demasiado siendo la primera Presidenta de nuestro país. Me da la impresión de que alguien interviene en sus decisiones, nos referimos naturalmente a López Obrador, que nunca tuvo la menor idea de la política exterior.
¿Dónde está Juan Ramón de la Fuente, Secretario de Relaciones Exteriores? Algo me dice que está totalmente deprimido por este tipo de situaciones y no quiere aparecer o no le permiten hacerlo. Aquí el ganón de todo esto es, naturalmente, Donald Trump.
Mientras tanto, las calles de Los Ángeles, y 20 ciudades más, siguen protestando contra las redadas antiinmigrantes frente a 2 mil reservistas y más de 700 soldados del cuerpo de Marines enviados por Trump. “Si el Congreso y los tribunales no permiten a California defenderse frente a este palmario abuso de leyes previstas para situaciones de guerra, esta semana podría recordarse como el momento en el que se abrió la puerta a un capítulo tenebroso en la democracia de Estados Unidos”, dice la editorial de ayer en el diario El País.
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