El pasado jueves 17 de octubre México y en particular el estado de Sinaloa fueron testigo de un hecho inédito en la política de seguridad nacional, en el actuar de las corporaciones de seguridad y de los grupos delincuenciales.
Un acto de terrorismo, una operación fallida, no importa el apellido que quiera dársele a los terribles hechos ocurridos en Culiacán que costaron la vida de, hasta ahora, 13 personas. Lo cierto es que la capacidad de respuesta operativa del Gobierno de la República fue puesta en duda y la consecuencia inmediata de ello es que el aparato gubernamental ha sido vulnerado.
Cuando un Gobierno no es capaz de dar seguridad a sus ciudadanos, se incumple uno de los principios fundamentales de la razón de ser de cualquier Estado, por ello es indispensable buscar soluciones con acciones eficaces; la total ausencia de conocimiento y estrategia para resolver un problema como este ya quedó manifiesta.
Por lo general, las guerras y los conflictos modernos se ganan o se pierden a nivel estratégico, no a nivel operativo o táctico. El estratégico implica planes para preparar todos los instrumentos nacionales de poder para el conflicto, orientación práctica para preparar a las Fuerzas Armadas y su liderazgo para lograr objetivos duraderos.
El Ejército ha dejado demostrada su capacidad y preparación en las operaciones impecables a lo largo de décadas de lucha contra el narco. Sin embargo, el llamado “operativo de Culiacán” lo que nos permite constatar es que el problema central radica en que hombres sin preparación están comandando como improvisados a personal militar altamente calificado, que requieren y merecen otro liderazgo.
Esta realidad trajo en consecuencia, la humillación a la que el Presidente sometió a nuestras Fuerzas Armadas, teniendo que abortar una misión para la que sin duda se encuentran preparados, el mal precedente que se sienta y que ahora provocará una lucha de guerrillas y no solo con criminales, pues el camino que van a tomar ante cualquier amenaza será ir contra los civiles; y tercero, se vulnera una democracia incipiente, pero institucional, en donde la violencia no tiene límites.
La irresponsabilidad que se tradujo en muertes, amerita respuestas que me hago como cualquier ciudadana o ciudadano ¿Cuál es el rol del Gabinete de Seguridad? ¿Operar de la mano de expertos temas que están fuera de la competencia de civiles –cómodamente instalados en oficinas– y no en el terreno de fuego?
¿Está en riesgo la credibilidad de las fuerzas militares? No, pero sí está forzado el Ejecutivo federal, al tapar sus torpezas estratégicas el operativo se abortó por el afán protagónico de políticos irresponsables, varias horas después de que nuestro Ejército había cumplido su misión, lo que deja claro que la política de seguridad de la 4T parte de un principio erróneo.
Qué desafortunado que, en el marco de una de las festividades más arraigadas de nuestra cultura, en los altares de muchas familias sinaloenses aparecerá este año la foto de las víctimas de un operativo fallido.
No llevamos ni un año de gestión de esta Administración y el país está sumido en un total desastre, en lo económico, en lo institucional, en seguridad, en lo ambiental, no debemos soslayar por otra parte lo que está sucediendo en otras sociedades latinoamericanas, como en Chile, Bolivia, Brasil, Colombia y Venezuela, que están saliendo a la calle, sociedades hartas de la corrupción, pero también de la ineptitud.
Por eso los contrapesos son indispensables, ya que permiten la suma de visiones y acciones que permiten un sano equilibrio y esto es en lo que debemos estar atentos a devolver a México.
Nos leemos la próxima semana.
¡Muchas gracias!
Más sobre esta sección Más en Coahuila