La Iglesia católica en nuestro país, y desde el Arzobispado, pasando por obispos, hasta llegar a los padres jesuitas que literalmente se juegan la vida en las zonas más hostiles, demandan, con insistencia, con fuerza y desde hace dos semanas, que el Gobierno federal revise la actual estrategia en materia de seguridad, ya que simplemente resulta en los hechos un monumental fracaso.
El Presidente insiste en que su visión es la correcta y, muy a su estilo, arremete contra quienes lo cuestionan, hasta llegar al extremo de caracterizar a los sacerdotes como una especie de títeres del conservadurismo.
Y el Mandatario se pregunta ¿qué quieren los curas? Bueno, pues la respuesta más clara y directa llega del Obispo de Cuernavaca, Ramón Castro, y cito: “nunca será lícito que la autoridad civil claudique de su responsabilidad en materia de seguridad y paz social; para eso tienen el poder y uso legítimo de la fuerza. Abrazos, no balazos, es demagogia y hasta cierto punto complicidad. Autoridades, no fallen, cumplan su función, garanticen con hechos la seguridad”.
Y agrega: “hacemos bien en reconocer la realidad, esa dura realidad que nos golpea y salpica de sangre a México, pierde más el que niega esa realidad y la tergiversa; hace mucho daño el que emplea de un modo torcido esa realidad con mentiras e intereses egoístas”.
Así de simple, los curas quieren lo que miles, millones de mexicanos, que el Estado garantice la paz y eso es precisamente lo que no sucede en este México, el real, en el presente, en el que llevamos más de 125 mil homicidios, uno cada 15 minutos en promedio, en los 3 años y medio de la 4T.
Más sobre esta sección Más en Coahuila