Coahuila
Por María José César
Hace 3 años
Brené Brown, doctora e investigadora, ha escrito varios libros que ya son considerados “New York Times Best Sellers” y en los cuales ella explora cómo es nuestro desarrollo como seres humanos respecto a la vulnerablidad, la vergüenza, la pertenencia, la imperfección y la conexión. Ella quiso irse al fondo de cómo nos manejamos respecto a estos sentimientos que, en ocasiones, se vuelven una niebla y nos desconectan no sólo de nosotros, sino del mundo.
Solemos tener la creencia socialmente de que tenemos que ser y actuar perfectamente para ser suficientes. Ocultamos las emociones negativas, porque creemos que si “nos mostramos” así de reales o frágiles, nos mostramos débiles.
Pero todo este círculo, en el que no mostramos ni aceptamos que en ocasiones nos sentimos vulnerables, nos impide abrazar quien realmente somos.
Y es que la vulnerabilidad no significa debilidad. Todos, en ciertas circunstancias, nos sabemos y nos sentimos vulnerables, aunque no lo mostremos.
Según Brown, en su libro El Poder de Ser Vulnerable, explica la vulnerabilidad como la emoción que experimentamos cuando estamos ante algo incierto, riesgoso o donde nos sentimos emocionalmente expuestos. Después de todo su estudio e investigación, ella ponía como ejemplo algunos de los momentos de mayor vulnerabilidad, por ejemplo:
• El primer “date” después de un divorcio.
• Hablar sobre racismo con su equipo de trabajo.
• Tratar de concebir después de la pérdida de un bebé.
• Hablar de lo que uno siente.
• Comenzar un negocio propio.
• Ver cómo un hijo se va a estudiar a otro lado o comienza su propio vuelo.
• Pedir o esperar retroalimentación.
Las experiencias difíciles e incómodas, no quieren decir que sean indicadores de debilidad. De hecho, este es uno de los mitos más grandes a nivel cultural.
Somos educados y formados para ser “fuertes”, para tener “coraje”, pero no se enseña que esto va de la mano de también ser vulnerables. La fortaleza y el coraje, requieren también que estemos dispuestos a la probabilidad de que seamos emocionalmente expuestos.
En su libro, también habla de lo que es la “vergüenza”. Esta se entiende como el miedo a la desconexión. Se puede ver así: “Existe algo en mí, que si otros lo saben o ven, no seré digna de conexión”. La vergüenza es también universal. Todos llegamos a sentirla en algún momento. Y lo que refuerza esto… es la idea de que no somos suficientemente buenos.
La habilidad de sentirnos conectados habita en nuestra programación neurolingüística.
Y en realidad, lo que nos sustenta, es esa conexión. Es lo que nos da sentido de pertenencia. Pertenencia a una hermandad, a una comunidad de amor, a una tribu.
Cuando vivimos el amor, buscamos la pertenencia o conexión, estamos tocando también la fibra del ser vulnerables. Del ser heridos, del ser lastimados, del no ser correspondidos. Pero es importante recordar que todos en el fondo queremos eso: amor y conexión en nuestra vida. Lo que hemos de comprender, es que los sentimientos positivos están enraizados también en la vulnerabilidad. Si podemos aceptar el hecho de que, ser vulnerables también es parte de nuestra naturaleza, venceremos el miedo de mostrarnos tal cual somos. Y veremos desde otro foco este concepto… comprendiendo que la vulnerabilidad no es buena ni mala, simplemente significa que tienes la capacidad de experimentar emociones. No sólo emociones que generan bienestar, sino emociones que pudieran parecer oscuras como el miedo, el dolor, la tristeza, la culpa.
Deja de controlar y predecir. Muéstrate tal cual eres. Haz lo que sientes aunque no haya garantías. Muévete hacia lo incómodo. Te adaptarás y te conocerás también en eso incómodo. Ninguna emoción es buena ni mala, simplemente: es.
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