“La cuidadora o el cuidador primario es aquella persona que atiende en primera instancia las necesidades físicas y emocionales de una persona que por sí misma no puede, papel que por lo general, es asumido por la esposa, esposo, hija, hijo, un familiar o alguien cercano a la o el paciente”.
¿Qué sucede cuando alguien en la familia está enfermo?
¿Qué se mueve en mí cuando yo soy el cuidador primario de mi ser querido?
¿Qué se me viene en este caminar que puede sentirse sumamente pesado?
Muchas veces nuestra mirada está puesta en el ser querido que está enfermo, en el doliente, en quien se va desgastando poco a poco, lo que nos hace adentrarnos en un duelo anticipado por la pérdida de su salud, un proceso de duelo inminente al verle inhabilitado de ciertas facultades.
Pero hoy quiero recordarte algo importante: si tú eres el cuidador, hoy quisiera que te recuerdes, que antes de ser cuidador, eres persona, y que es fundamental desarrollar en ti técnicas de autocuidado, tales como:
1. Atiéndete.
No descuides tus visitas al médico, tu alimentación, ni lo que sucede dentro de ti, gestiona pequeños espacios de respiro para conectar contigo y cuidarte.
2. Permítete ser sostenido.
No es opción, es necesario. Acepta el apoyo de otros familiares para prevenir el síndrome de sobrecarga o burnout.
3. Conserva tus rutinas saludables.
Tu caminata, tu ejercicio, tu misa, tu momento de lectura, aquello que nutre tu espíritu, no lo dejes del todo.
4. Conecta con vínculos sanadores.
Busca esa amistad tesoro, tu terapeuta, guía espiritual, o esa persona que te escucha sin juicio. Cada emoción que experimentas, viene a mostrarte algo.
5. Vive el cambio día a día.
En una etapa donde todo está en stand-by, sé compasivo contigo, no te exijas demasiado, vive un día a la vez.
6. Recuerda que tu bienestar impacta.
Si tú estás bien, tu entorno también lo estará. Tu paz se transmite al ser querido que acompañas. Y lo contrario también.
7. Cuida tus pensamientos.
Tu mente puede ser tu mayor aliada o tu más grande enemiga. Pon atención a lo que te repites cada día. ¿Eres muy duro contigo?, ¿eres muy exigente?
8. Agradece tu existencia.
Tú también eres un milagro de la vida. Cada día que abres los ojos tienes otra oportunidad de amar, de sanar, de disfrutar.
Y es que si tú eres cuidador o cuidadora, no estás ahí por casualidad. La vida ha dispuesto que seas tú quien acompañe este proceso. Y eso, aunque no lo parezca, también es una forma de gracia. Que así sea.
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