Arte

Publicado el lunes, 6 de septiembre del 2021 a las 04:10
Saltillo.- Para la novelista Rosa Beltrán “la historia no es algo que sucede solo afuera, en el vacío y lo abstracto” y agrega que “es algo que nos ocurre, porque todos somos seres de nuestro tiempo y esta encarna en nuestras historias personales”, esta idea la demostró en su primera novela La Corte de los Ilusos, en 1995, y la refuerza este 2021 en Radicales Libres (Alfaguara).
En este libro, que es en parte novela de iniciación, histórica y reflexión social sobre el paso del tiempo, Beltrán relata la historia de los últimos 60 años de la historia nacional, desde el punto de vista de tres generaciones de mujeres: una abuela, una madre y una hija, que en el paso de esas décadas se encuentran a sí mismas, pero también se confrontan y se comunican.
Pues a la novelista no le “interesaba contar solamente cómo ha cambiado el país, porque se han transformado mucho” sino demostrar cómo esos grandes hitos históricos afectan la vida de las personas y la relación intergeneracional que se teje entre ellas. Por eso enumera varios de esos sucesos con la rapidez de quien entiende que a la historia de la humanidad no le ha faltado tiempo: “el 68, la llegada del hombre a la Luna y las utopías de los 70, la época de (Margaret) Tatcher, la caída del muro de Berlín y, claro, la aparición de los medios digitales en la que todavía estamos y que nos ha permitido pasar acompañados la pandemia, aunque algunos estemos confinados”, apuntó a Zócalo.

Gracias a esa capacidad de entender que la historia es algo que “nos sucede”, es que la novela se permite dislocar el punto de vista personal que le sucede a cada uno de los personajes y convertirlo en un todo, un vendaval de hechos que impactan a cada narradora para transformarla en algo más: una fuerza exterior que modela un cambio que viene a futuro.
Por ejemplo, la novela inicia con la voz de una niña que ve a su madre montando una motocicleta Harley-Davidson, “sonriente, preciosa, con cola de caballo” y, en ese caballo de metal, le decía adiós, se despedía de ella para vivir una aventura personal que la pequeña, en su inocencia, no podía entender pero que tiempo después, en su necesidad de encontrarse con ella, comprendería.
Y de ahí su sugerente título: Radicales Libres, un esfuerzo de la rebeldía, de la capacidad de decisión que las mujeres han trabajado durante décadas.
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Radicales Libres es una novela de iniciación que se cuenta desde la voz de una mujer, porque hay muchas de estas, pero siempre contadas por los hombres. Entonces a mí me interesaba explorar la adolescencia, ese punto de partida en el que las mujeres comenzamos a encontrarnos con el mundo, explorar nuestro cuerpo y pensar qué tan libres podemos ser en una sociedad como la nuestra, que es machista no solo por los hombres, sino también por el machismo que tenemos las mujeres porque señalamos, hablamos y ponemos en evidencia a un mujer que hace una declaración de sí misma al hacer y vivir libre su sexualidad”, explicó la también académica.
60 años después
Es desde el cuerpo, el espacio más íntimo y personal, que Beltrán mira lo social, pues la novela repasa la liberación de los 70, esa época en la que la libertad del sexo, las drogas y el rocanrol, gritaron contra un sistema que asfixiaba a las personas, sobre todo a las mujeres.
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En esa década las mujeres comenzaron a hacerse dueñas de sus cuerpos. Probaron anticonceptivos, se desligaron de la obligación de la maternidad y cuidar a ocho hijos, sino que podían acceder a la vida laboral, social y apostaron por un relación igualitaria con sus pares masculinos. De ahí es donde viene la consigna de ‘lo personal es político’, porque en ese tiempo y por primera vez, las mujeres dejaron de ser solo mamás y esposas, para entenderse como seres autónomos”, comenta la novelista y agrega que en las dos décadas siguientes comenzaron otro tipo de luchas como el #MeToo “que han salido a las calles a gritar que en este país no es tolerable una muerta más”.
El último gran tema que permea en Radicales Libres son las relaciones maternales. Una madre que deja a su hija, quien pasa su vida intentando comprender el por qué lo hizo. Ese cuestionamiento de la maternidad obligada y las formas diferentes de relacionarse envuelven como un útero a las tres generaciones que protagonizan el libro.
“Si solo vamos a explicar nuestra vida a partir de las teorías freudianas que solo hablan del abandono, la soledad, el trauma y de lo que te hicieron tus padres, estamos limitando bastante nuestra experiencia porque estamos viéndonos solo como víctimas, es casi un narrativa del pecado original.
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Creo que cuando te das cuenta de esto y decides contar tu vida de otra manera y otro ángulo, en el que nos preguntemos si es que eso que nos heredaron nuestros padres son realmente herramientas de supervivencia. Porque qué tal si de esa madre que se fue, la hija aprende la rebeldía, el uso libre de la sexualidad, la independencia y la autonomía a través de un proceso en el que se separa de la historia de su madre y va decidiendo sobre su vida”, concluyó Beltrán.
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