En alguna de las diversas reuniones entre el secretario general del Partido Comunista de la URSS, Mijail Gorbachov y el Presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, que dieron pie al fin de la llamada Guerra Fría, entre las dos portencias militares y económicas más grandes de toda la historia de la humanidad. Larry Speakes, quien era el portavoz de la Casa Blanca mencionó que el presidente Reagan le había dicho al líder comunista Gorbachov: “Hay mucho que nos divide, pero creo que el mundo respira mejor porque estemos hablando aquí juntos”.
Hoy con casi 36 años a la distancia, la relación es aún más complicada entre Moscú y Washington, el presidente Biden fue duro, muy duro al señalar como “asesino” al presidente de la federación rusa, quien de manera rápida respondió: “hace falta ser uno para reconocer a otro”.
La declaración del Presidente norteamericano tiene su origen en un supuesto informe de inteligencia de ese país, en el cual se señala que Putin intentó asesinar a su principal opositor político Alexei Navalny, quien sufrió un intento de envenenamiento y actualmente se encuentra en prisión, según él mismo a descrito en una carta, en condiciones de férreo control, o para ser más precisos cito su frase: “un campo de concentración amigable”, aunque también preciso que no ha sido testigo “de ningún indicio de violencia”.
El Gobierno nortemericano reaccionó, al momento del intento del envenenamiento, a favor del opositor ruso y de la democracia de ese país, sancionando a funcionarios y empresas.
Sin embargo, existe un motivo más de fondo, más “político” en el distanciamiento entre los dos líderes más grandes e importantes en este momento, y no me refiero a la ocasión en la cual ambos se conocieron, siendo Biden vicepresidente y sino a la presunta participación de Putin y el Gobierno ruso en las elecciones presidenciales de EU a favor de Trump, situación en la cual ya dijo Biden que Putin “pagará el precio” por su intromisión.
La relación de ambos líderes, de ambos gobiernos pareciera que nunca había estado tan tensa, mientras Putin le recuerda a Biden que el Gobierno norteamericano acabó con la vida de los nativos de ese país, o bien el uso de las bombas atómicas en Hiroshima o Nagasaki contra la población civil.
Este conflicto diplomático generará cambios en la geopolítica mundial, donde ambas potencias tendrán que mover sus fichas, de un lado un exagente de la KGB y por el otro lado un experto en relaciones internacionales, un conflicto que pasará de lo diplomático a lo económico y social, un conflicto que tendrá consecuencias en todo el orbe, que recompondrá la política mundial, buscando adeptos como en la época de la Guerra Fría, pero actuando cada cual con sus afines en las distintas parte del mundo.
Ojalá ambos recuerden que en una guerra todos terminan perdiendo, aunque ahora la guerra no será militar, sino en del territorio económico y médico.
Para que el mundo siga respirando, no solo es necesario que ellos dos estén juntos hablando sino que también existan acuerdos.
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