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Agencias
Publicado el domingo, 13 de marzo del 2011 a las 17:00
México, DF.- Spencer Tunick es un tipo ocupado. Ha tomado sólo dos periodos vacacionales en seis años. El último fue en México, específicamente en San Miguel de Allende, ciudad que visitó hace unos días a invitación de unos amigos.
Su relación con el país es otra desde que en 2007 abarrotó el Zócalo del DF con 18 mil mexicanos desnudos que posaron para su cámara. La convocatoria representó un récord y las imágenes recorrieron el mundo entero.
“La gente me pregunta cuándo voy a tener tanta gente como entonces para un siguiente proyecto, pero es imposible”, advierte en entrevista. “Podría trabajar en ciudades igual de populosas, como Sao Paulo, Beijing, Los Ángeles, pero la situación con México es diferente, porque su gente es diferente. Su gente tiene arte y belleza, combinados con un sentido aventurero y mucha energía”.
Tunick, quien ubica su trabajo dentro del Land Art, guarda recuerdos gratos del país. Con el fin de consolidar el vínculo, no dudó pasar en San Miguel unos días de descanso. Descanso, entre comillas, porque al final del día no dudó en realizar una serie fotográfica a Christine, su mujer, y aceptar incluso esta conversación para abordar cuestiones de trabajo. De alguna forma, es un adicto.
En la ciudad visitó a su amigo Harold Stream, coleccionista de arte y empresario que abrió recientemente el Hotel Matilda, en el Centro Histórico. En sus paredes, junto a la obra de diversos artistas, cuelgan algunas de sus imágenes, como aquella que muestra a 18 mil mexicanos desnudos sobre la plancha del Zócalo del DF haciendo el saludo a la bandera.
El hotel también cuenta con un mural fotográfico del neoyorquino sobre las paredes del baño del bar. Es aquí donde decidió tirar una serie de disparos a petición de Christine, quien al ver el espacio no dudó en despojarse de su ropa y posar ante su lente.
“Mi esposa es mi musa. Posa para mí en cualquier parte. Me ha posado incluso en la Antártida”, señala Tunick mientras pasa los dedos sobre la pantalla de su iPhone y muestra algunas imágenes.
Por su cabeza no pasa la idea de dejar algún día los desnudos. “¡Oh, no! Para nada”, responde ante la pregunta. “Lo que estoy haciendo ahora son también desnudos, pero desnudos pintados; pintar sobre los cuerpos de las personas”.
Cuenta que tiene planes de realizar este trabajo en México. Lo que imagina, por ejemplo, es disponer centenares de personas sobre el suelo y pintar sobre ellas los colores de la bandera.
Pero, por lo pronto, lo tiene ocupado un proyecto en el Mar Muerto, en cuyas aguas busca poner a flotar a unas 500 personas. “El nivel del agua se está reduciendo y hay organizaciones que buscan salvarlo. Este trabajo lo estoy relacionando a una lucha por el medio ambiente”.
Para el proyecto, está siendo apoyado por el gobierno israelí. Israel representa un reto, pues se trata de una sociedad conservadora ante occidente, reconoce.
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