La renuncia de Shamir Fernández al PRI, el 18 de agosto, es por ahora lo más destacado de su carrera política. El mismo día, los diputados de esa formación se reunían en Saltillo para lamerse las heridas por el fracaso en las elecciones de junio.
El PRI perdió con Morena las gubernaturas de Hidalgo y Oaxaca; en Quintana Roo (solo) y Tamaulipas (en alianza con el PAN y PRD), también fue derrotado. El legislador lagunero tardó demasiado en darse cuenta de que el partido fundado por Calles traicionó su origen, trocó sus principios por los “intereses personalísimos de unos cuantos”, y que su líder, Alejandro Moreno –envuelto en escándalos de corrupción– ignora a la militancia, divide al partido y genera desconfianza entre la ciudadanía.
La defección de Fernández es irrelevante y hubiera pasado inadvertida, de no ser por la felpa mediática en su contra. Para la prensa nacional se trató de una nota más, pero en Coahuila se le concedió una importancia que por sí sola no tiene.
Sin embargo, en el contexto de una elección de alto riesgo, como será la de Gobernador del año próximo, la andanada delató el temor del PRI y el disgusto del Gobierno. No por el dudoso liderazgo de Fernández, sino por su conocimiento de la estructura electoral y los secretos que conoce.
“El partido le dio todos los cargos que hasta hoy había tenido”, recriminó el gobernador Miguel Ángel Riquelme. Fernández Hernández es el segundo operador y aliado que pierde en menos de un año.
Jorge Luis Morán renunció como jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera en abril, tras una reunión entre Riquelme Solís y el subsecretario de Seguridad Pública y aspirante a la Gubernatura, Ricardo Mejía, en Palacio de Gobierno. Morán y Fernández ven como inminente el hundimiento del PRI y buscan salvarse.Mejía Berdeja, quien renunció al PRI en 1997, cuando aún era el partido dominante, se apresuró a felicitar a su paisano: “Los tiempos de cambio implican definiciones y Shamir Fernández está en el lado correcto de la historia (…) Vamos a dar muchas batallas juntos (…) Coahuila requiere la suma de talentos y fortaleza para entender los cambios”.
El subsecretario es el candidato del presidente Andrés Manuel López Obrador para la sucesión del Gobernador. El político lagunero ha incorporado a su proyecto a figuras cuestionadas por su desempeño en el servicio público, pero avezadas en la operación electoral y conocedoras del territorio. Son los casos de Morán, Fernández y del exlíder priista Noé Garza.
Sectores estratégicos del PRI, como el magisterial, también se han sumado a al proyecto de Mejía Berdeja. Medios de comunicación nacionales difundieron profusamente y en espacios pagados, una reunión con el gremio celebrada el 15 de agosto.
“Maestros y líderes sindicales de la Sección 38 del Estado de Coahuila sostuvieron un encuentro masivo con Ricardo Mejía para mostrarle su apoyo como aspirante a coordinador de los comités de Defensa de la 4T” (paso previo a la candidatura) publicaron los diarios de Grupo Reforma.
“La líder sindical, Isela Licerio Luévano, dijo ante los presentes que Mejía Berdeja es la única garantía de cambio para el Estado de Coahuila. Necesitamos el cambio y recuperar Coahuila y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) para el pueblo de Coahuila”.
El objetivo consiste en poner fin al “moreirato” y al cacicazgo de Carlos Moreira. Uno de los mayores agravios del clan es la megadeuda por 40 mil millones de pesos que Shamir Fernández, como diputado de la 58 Legislatura local, legalizó sin rubor junto con sus compañeros del PRI.
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