Saltillo

Publicado el domingo, 7 de junio del 2026 a las 03:40
Saltillo, Coah.– En el corazón del Centro Histórico, donde las fachadas de adobe guardan memorias como pliegues en una piel antigua, hay casonas de Saltillo que se yerguen en el tiempo.
Son libros de piedra que susurran historias que traspasan los siglos. Ahí, la modernidad no borra la memoria, la toma de la mano y la reinventa en un banquete de sabores y colores.
Mientras que algunos espacios son derrumbados sin piedad, otros renacen de entre las cenizas, al convertirse en galerías gastronómicas para reconciliar el pasado con el presente.
Las Delicias de Mi General es un claro ejemplo de la recuperación de estas casonas. La empresaria Ivonne Orozco llegó hace 14 años a esta esquina, en De la Fuente y Bravo; “la más chula del Centro”, como dice ella. Es una casa con 300 años de historia: el espacio fue, lo mismo, tienda de raya, casa habitación, veterinaria, estética, desayunador… Y un rincón de artistas arriesgados. La encontró con un letrero de “se renta” y una hormiga gigante colgando en la entrada.
“ Lo dejaron. No tenía ni un peso, pero yo, muy propia, hablé y le dije: ‘Yo lo quiero’. Todo se dio para que me quedara con el local que era la primera parte, que es histórica, porque tiene más de 300 años. Fue de los primeros edificios que se construyeron de los españoles”, externó.
El oficio de restaurar exige una inversión constante de tiempo, recursos y paciencia en estas propiedades que son un espejo de la fragilidad humana. Cuidar estas casonas es cuidar la identidad.

De ese empeño, nació Las Delicias de Mi General, un sueño de su infancia y homenaje a las soldaderas, esas mujeres que caminaban horas por el desierto para alimentar al general, un ejemplo de cuidado y resistencia. Orozco lo concibió bajo la tutela de la historia y la gastronomía; su cocina es un puente entre raíces y presente, con mole negro, tlayudas, pozole, quesadillas, maíz azul y flor de Jamaica con agave, platos que celebran la abundancia de la tierra y el oficio cotidiano.
Aquí se disfruta de exquisitos manjares, rodeado de los murales inspirados en Siqueiros y Rivera, trazados por el pincel saltillense de Heriberto Gómez. Cada espacio está lleno de vida entre mariposas monarca, catrinas, grandes figuras como María Félix, Selena, Frida Kahlo, héroes de la Revolución, y un espacio especial para la Virgen de Guadalupe como un símbolo de la abundancia. Conforme pasa el tiempo, los protagonistas de estas paredes van cambiando, pero la voz del mural persiste como el acta de una ciudad que se reconoce y se reinventa. Se dice fácil, pero el esfuerzo implica grandes sacrificios.
“ No sé decir, porque si guardara las facturas ya me hubiera dado un infarto, pero sí, es considerable la inversión que se le hace a una casa”, externó.
“ Todos los días te marca el tiempo, ahí te das cuenta de lo frágiles que somos todos. Todo el tiempo te va marcando la historia, el día, que necesitamos restaurarnos, sanarnos. Así somos los humanos también como las paredes de adobe. De repente las ves majestuosas, pero por dentro están un poco lastimadas, y hay que darles un cariñito… Cuidar el Centrode verdad, es representar tu historia y cuidar tu identidad”, mencionó.

Con el respaldo de sus 19 colaboradores, Ivonne Orozco y Las Delicias de Mi General se mantienen fieles a las raíces mexicanas y al mismo tiempo dialoga con la ciudad viva y multicultural.
“ Yo creo que el Centro Histórico puede mezclar las dos vertientes: la modernidad con la historia y eso hace que sea único… está pasando. Hay gente que le vale madre y destruye los locales, no les tienen respeto”, enfatizó.
ALado
Más hacia el sur por la calle Bravo, por donde bajaba Agustín Jaime, aún en el primer cuadro, se encuentra ALado, cocina y cantina, donde al cruzar la puerta en esta centenaria propiedad, entras en un viaje en el tiempo. Era la casa número 25, como se contaban anteriormente, a partir de la Catedral de Saltillo hacia Presidente Cárdenas.

“ Un 90% del comensal que llega por primera vez, recuerda que así era la casa de mi abuelita. Da mucha nostalgia y por eso mucha de la cocina tratamos de adecuarla a esos recuerdos, como la sopa de rancho, las lentejas, los frijoles guisados, el asado de boda…”, dijo Alfonso López, copropietario de ALado.
Ya con 6 años de operaciones, este negocio que recibe su nombre por ubicarse “al lado” de la casa de uno de los socios, inicialmente estaba pensado para convertirse en una bodega.
“ Una vez que entré, al abrir la puerta, me habló. Le dije a mi compadre que no nos servía de bodega, era para trasladar ese concepto que en Saltillo se fue perdiendo y que en mi naturaleza yucateca lo tengo muy arraigado, que es la cantina botanera de antes”, dijo.

Se trata de una casa con su patio rodeado de las recámaras, áreas que hoy son testigos de las tertulias acompañadas de cerveza, lechón y cochinita pibil. Durante mucho tiempo, esta propiedad perteneció a un notario público. Algunas de las habitaciones todavía conservan madera original, así como algunos cuadros, pinturas y algunos muebles. Todas las modificaciones que se han realizado, fueron respetando lo mayor posible para cuidar la antigüedad de la casa.
“ Sí es mucho mantenimiento, porque se tiene que ir buscando la manera de que el desgaste sea el menor posible… Sí te toca meterle mucho tiempo, mucho dinero, pero la verdad es que cuando llegas y ves el lugar lleno, risas, gente diciendo salud…”, externó.

Balam
A unos cuantos metros al sur de la Catedral de Saltillo, sobre la calle Hidalgo, se levanta una propiedad que resguarda entre sus muros casi dos siglos de historia. Su fachada discreta contrasta con la riqueza arquitectónica y cultural que alberga en su interior, convirtiéndola en una de las joyas patrimoniales más valiosas del Centro Histórico de la ciudad.
“ Mi papá amaba la arquitectura y las construcciones, estar creando todo el tiempo, una persona excesivamente creativa. Me habla emocionadísimo y me dice, ‘Fer, no sabes qué acabamos de comprar, una de las casas más antiguas e históricas del Centro de Saltillo, y sólo tú le vas a entender’”, externó Fernanda Arrillaga, propietaria y arquitecta a cargo del proyecto que avanza poco a poco desde el 2009.

Su visión trasciende los límites de la propiedad. Para ella, el Centro Histórico de Saltillo posee un enorme potencial que aún permanece desaprovechado debido al abandono y a la falta de valoración de su patrimonio arquitectónico.
“ Las casas antiguas son muy difíciles de mantener y es caro, pero, la verdad, en las ciudades, cuando viajamos, lo que vamos a ver es la arquitectura y la gastronomía, es en lo que nos enfocamos. El tener una propiedad con tanto valor histórico, también representa una responsabilidad para el propietario… Ojalá se vuelva como una epidemia de ‘vamos a rescatar casas del Centro Histórico’. Mi mamá me decía, ‘¿en qué te gastas el dinero?’, y yo, ‘pues en la casa’”, externó.

La antigüedad de la casa se denota desde su entrada. En una de las vigas de madera puede leerse la inscripción Ave María Purísima 1825, referencia que permite suponer que la casa fue concluida ese año.
Entre sus detalles más notables destaca la carpintería original. Los registros históricos indican que fue realizada por Mariano Ángel Galín, el mismo maestro carpintero que trabajó en la Catedral de Saltillo. Durante las labores de restauración, toda la carpintería añadida posteriormente fue retirada para recuperar la esencia original del inmueble. Los pisos estaban sumamente frágiles, por lo que tuvieron que ser renovados. Sin embargo, la duela original rescatada, fue aprovechada en los baños. Esta casa cuenta con un patio central al frente y otro más pequeño en la parte de atrás, que es donde se tenía a los animales.
Entre estos muros de adobe habitó la señora estadunidense Chambers. Aunque los historiadores hablan de muros pintados con flores, en todo el proceso para descarapelar las paredes no se han encontrado los restos.
Ya en la historia contemporánea, el edificio también albergó la Escuela Normal Superior, luego volvió a ser casa habitación, Museo de la Batalla de la Angostura; tiempo después, se convirtió en el restaurante Montero, y hoy alberga Balam, con un concepto de mixología y música electrónica, con lo que el lugar recibe visitantes de todas las edades.

“ Aquí están muchos de mis ahorros, no ahorrados, gastados aquí. Entiendo por qué muchas propiedades estén abandonadas y derruidas. Realmente cuesta. Creo que se necesita un apoyo muy grande para poder conservar la historia arquitectónica de Saltillo… No todas las propiedades las tienen que tirar y volverlas estacionamientos”, dijo.
Estas casonas representan mucho más que una restauración exitosa. Son claros ejemplos de cómo el pasado y el presentepueden convivir en armonía. Las vigas centenarias, los patios de adobe y espacios reinventados, son un testimonio de que la conservación del patrimonio no implica congelar la historia, sino permitir que se siga escribiendo.
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