Espectáculos

Publicado el miércoles, 31 de diciembre del 2008 a las 16:00
Madrid.- A sus 61 años, Ron Wood, guitarrista y bajista de los Rolling Stones, cuenta su vida en un libro en el que muestra que sus recuerdos han sobrevivido, milagrosamente, al alcohol y las drogas y en el que confiesa que los miembros de la banda de rock más grande del mundo se sienten a menudo “prisioneros en una cárcel de oro”.
“Memorias de un Rolling Stone” (Global Rhythm Press) es el título bajo el que Wood rememora su vida, la de alguien que nació en una familia de “gitanos acuáticos” del Támesis y que ha llegado a lo más alto en sus dos pasiones, la música y la pintura, especialmente en la primera. Wood cuenta cómo la música, el alcohol y la afición al desmadre forman parte de sus genes: a su padre, que no iba a ningún sitio sin su armónica, lo encontraban a menudo durmiendo la borrachera sobre la huerta de la casa.
Ganó su primer sueldo de recadero de una carnicería o pintando letreros, mientras trataba de seguir las aficiones musicales de sus hermanos mayores. Un tallador fue su primer instrumento y el escaparate de una tienda uno de sus primeros escenarios. Pero creció en un Londres en plena revolución del rock and roll, en un momento en el que era fácil cruzarse con todos los que poco después se convertirían en los grandes del género.
Formó parte de otras bandas y tuvo la suya propia, los Faces, antes de convertirse, oficialmente en 1976, en miembro permanente de los Rolling Stones, con quienes dejó atrás las penurias de giras en furgonetas desvencijadas y se abría a un mundo de aviones privados “con chicas desnudas corriendo por los pasillos” y de giras mundiales en las que Sus Satánicas Majestades se sienten como “un circo ambulante”.
“Sin la familia me hubiera vuelto loco”, cuenta Ron Wood, cuyos recuerdos sirven para dar pinceladas de un sinfín de personajes. En una ocasión, por ejemplo, John Lennon y Yoko Ono llamaron a la puerta de su habitación de hotel en Nueva York y, nada más entrar, el beatle le dijo a su mujer “¡Tú a lo tuyo, coño!… Así que ella se dirigió a una silla en un rincón y se puso a tejer”, mientras el cantante le preguntaba a Keith Richards “¿cuál es la droga del día?”. Era la heroína.
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