Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Se necesita una consejera más, dice presidente temporal del IEC Asiste Sheinbaum a homenaje a Cárdenas en Bellas Artes Golpean las lluvias el noroeste del país; inundaciones, vehículos arrastrados y una mujer desaparecida en Guaymas Advierte Ernesto Zedillo en España que México dejó de ser una democracia y camina hacia una autocracia electoral Impulsa Memo Ruiz campaña de reforestación con la siembra de mil árboles en Piedras Negras

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Nacional

Sarcasmos

Por Guillermo Fárber

Hace 5 años

Joaquín López Dóriga leyó esta carta de Max Kaiser:

Desde pequeño me enseñaron a querer y a buscar más de todo. La vida se trataba de tener más, de buscar más, de querer más. Cualquier cosa, material o inmaterial, era sólo el escalón previo para buscar algo más. Todo se hace viejo e insuficiente, cada vez más rápido. Y así, la vida es sólo una carrera frenética de acumulación y sustitución. Más de todo, todo el tiempo.

Y de pronto, llegó la pandemia. Ese freno de mano brutal que no vimos venir. Y la carrera interminable por acumular y sustituir se paró abruptamente. De un día para otro se redujo el espacio que habito, el número de personas con las que interactúo y la cantidad de cosas que tengo que hacer en un día.

En un principio, como muchos, yo imaginaba que sería un simple freno temporal. Una vacación en casa. Un sabático de 4 semanas. Pronto regresaría todo a la normalidad. Los ahorros alcanzarían, los proyectos podían esperar y la familia iba a aguantar.

Pero las 4 semanas se hicieron 6 meses. Los ahorros no alcanzaron, los proyectos se murieron y la familia ya está hasta la madre de estar encerrada.

Sin darme cuenta tuve que aprender a vivir con menos de todo.

Menos espacio para moverme. Menos compromisos por día. Menos ingresos. Menos gastos. Menos diversión y contacto con personas distintas. Menos traslados y prisas. Menos tráfico y menos contaminación. Menos privacidad y menos espacios propios. Menos distractores. Menos alternativas. Menos cosas. Menos lujos. Menos formalidades.

De pronto dejé de usar camisas, sacos, corbatas y zapatos de vestir. Tres cuartas partes de mi clóset de ropa quedaron olvidados. Dos o tres pantalones, unas playeras y unos tenis empezaron a ser suficientes para recorrer la casa, con las mismas personas de siempre, para hacer lo mismo de todos los días.

Las cosas acumuladas por años empezaron a estorbar.

Los espacios de la casa, que antes eran sólo lugares de paso, se convertían en espacios vitales.

Lugares para estar y pasar muchas horas, y no solo esquinas que adornan y embellecen.

Habitar empezó a ser más importante que acumular.

Vivir empezó a ser más importante que sustituir y renovar.

Existir y resistir empezó a ser más importante que presumir y enseñar.

La vida se hizo más lenta, más monótona, más repetitiva.

Muchas personas que parecían imprescindibles en mi vida simplemente dejaron de existir.

Decenas de cosas que parecían esenciales en el día, quedaron guardadas en un cajón.

Una laptop, un celular, una pluma, un libro, unos plumones y un pizarrón se convirtieron en las cosas que realmente necesito para existir y resistir.

Vivir y resistir, lo único que importa hoy. Lo demás, estorba.

De pronto, vivir con menos generó el espacio que necesitaba para vivir con más.

Vivir con menos personas me permitió gozar más a las que sí tengo.

Vivir con menos espacio me obligó a verme a mí y convivir conmigo.

Vivir con menos cosas generó lugar para crear nuevas y mejores.

Vivir con menos dinero me obligó a valorar más el que llega y hacerlo rendir.

Vivir con menos prisa me generó más tiempo para sentir.

Vivir con menos distractores me obligó a poner atención.

Vivir con menos formalidades me orilló a entender las prioridades.

Vivir con menos obligaciones me permitió volver a sentir el placer de servir.

No estoy listo para agradecerle a la vida este momento, pero sí quiero recordarlo siempre, porque 2020 me ha enseñado que vivir con menos, me permite vivir con más.

¡OOOOOOMMM!
Recuerda meditar cuanto puedas, cuando puedas.

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 14 horas

El constructor

Hace 14 horas

CDMX, ganadora de la F1

Hace 14 horas

Maledicencia artificial