Por: Joel Martínez
Hasta ahora, la postura de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (Fed), de que hay que esperar para poder recortar las tasas de los fondos federales, ha resultado fuertemente perdedora, la realidad no la ha avalado.
¿Qué es lo que espera?
Básicamente los efectos en el crecimiento de la economía y en la inflación de los aranceles impuestos por el Gobierno de Donald Trump desde abril.
La expectativa del mandamás del banco central estadunidense es que habrá un estancamiento económico con una burbuja de precios, pero nada de eso ha pasado.
Después de que la economía cayó un marginal 0.2% en el primer trimestre de 2025, debido a factores totalmente coyunturales (ver En el Dinero del 5 de junio: “EU con economía resiliente, pese a todo”), ahora las estimaciones del modelo GDPNow de la Fed de Atlanta para el crecimiento del PIB en el segundo trimestre de 2025 es de 3.4 por ciento.
Los datos a mayo reportaron un pleno empleo con aumentos salariales por encima de la inflación.
Finalmente, la inflación general al consumidor de mayo fue de 2.4%, menor al 2.5 esperado y marginalmente superior al 2.3 anterior.
La subyacente fue de 2.8%, menor al 2.9 esperado, pero igual al 2.8 de abril.
No hay burbuja inflacionaria ni estancamiento por aranceles.
Estos datos han aumentado la ira de Trump contra Powell.
Hasta las bolsas estadunidenses han alargado el rally de recuperación, prácticamente ya han recobrado sus máximos históricos.
El presidente del banco central estadunidense necesita datos en junio que avalen su tesis de “esperar”, de lo contrario, las presiones del Gobierno y de los mercados podría ya no aguantarlas.
Powell ha tenido los reflectores puestos en la última semana: en la Conferencia de Prensa del Comité de Tasas de la Fed (FOMC, por siglas en inglés) del 18 de junio, y en las comparecencias por el Informe Semestral de Política Monetaria, primero el martes en la Cámara de Representantes y ayer miércoles en el Senado.
En todas sus presentaciones, Powell ha venido concediendo y haciendo malabares que le permitan ganar tiempo para que haya datos que validen su tesis de “esperar” para recortar.
Dos de las más importantes fueron:
1.- El comunicado del FOMC del 18 de junio, donde señaló que la incertidumbre por los aranceles ha disminuido desde mayo y reafirmó que vigila los riesgos de ambos lados del mandato.
“La incertidumbre sobre las perspectivas económicas ha disminuido, pero sigue siendo elevada”.
2.- El reconocimiento de que la Fed puede recortar pronto si la inflación sigue comportándose favorablemente, aunque siempre dice que falta tiempo.
Sin embargo, las disidencias dentro del FOMC ya son evidentes.
El viernes 20 de junio, Christopher Waller, gobernador de la Fed, señaló:
– “Estoy totalmente a favor de decir que tal vez deberíamos pensar en recortar en julio”.
– Los aranceles “no van a causar una inflación persistente” ya que serán un factor único.
– La Fed no debería esperar a que el mercado laboral se desplome para recortar.
– El mercado laboral es sólido, pero se empiezan a ver cosas como un alto desempleo entre los recién graduados.
– La Fed lleva seis meses en pausa esperando un shock inflacionario que no ha llegado.
– La Fed tiene margen para bajar las tasas y luego puede ver qué pasa con la inflación.
– Los aranceles no se trasladarán completamente, un arancel de 10% sobre todas las importaciones no tendría mucho impacto en la inflación general.
Por su parte, Austan Goolsbee, presidente del Banco de la Fed de Chicago, dijo en comentarios públicos antes del pronóstico de mitad de año del Milwaukee Business Journal el lunes 23 de junio, que hasta ahora el aumento de los aranceles ha tenido un impacto más modesto en la economía en relación con lo esperado.
Por eso creo que, por el momento, Powell con su visión ortodoxa-liberal, viene perdiendo la batalla frente a la fuerte heterodoxia de los trumpistas.
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