“En lo alto el manantial de tu leyenda
Donde el conquistador plantó su tienda
Se hizo cambiar el rumbo de las horas”.
Felipe Sánchez de la Fuente, Abogado y poeta coahuilense
Como hace cientos de años sigue brotando el Ojo de Agua a los pies de la antigua ermita, donde fluye milagrosamente el límpido líquido. Fenómeno natural que dio origen al nombre de la capital coahuilense, donde se dominaba el valle, así como portugueses y españoles lo observaron, luego de una fatigada travesía por tierras inhóspitas y clamaron desde lo alto de la pequeña montaña: ¡Se nos hizo el Saltillo!, en cuyas claras aguas abrevaron hombres y caballos.
Uno de estos expedicionarios, Alberto Do Canto, y Diez Vieira, fundador y primer alcalde que fue de la ciudad, lo denominaba el Ojo de Agua del Saltillo.
El historiador y primer cronista honorífico de la ciudad, el bachiller Pedro de la Fuente, asegura: “Inconcusamente (indiscutiblemente) y fuera de toda duda, que lo que realmente vino a dar a la capital del estado la denominación de Saltillo fue la pequeña cascada que en aquella época formaba el Ojo de Agua principal”, y reafirma su dicho, al señalar que los primeros pobladores (españoles y portugueses) coincidieron unos y otros: “Se nos hizo el Saltillo”.
“No hay más que el Saltillo”. Texto copiado del documento Historia de la Villa del Saltillo, original de Pedro de la Fuente, que se conserva en el archivo del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores en la ciudad de Monterrey.
El padre De la Fuente nació en Saltillo el 1 de agosto de 1742, y fue bautizado el 26 del mismo mes y año, con el nombre de Pedro Francisco de la Fuente y Fernández, hijo de Toribio de la Fuente Fernández y de Gertrudis Ramos.
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