Espectáculos

Publicado el domingo, 5 de febrero del 2012 a las 18:00
México, D.F.- Angelina Beloff y Diego Rivera, quienes compartieron 10 años de matrimonio, se reencuentran en la Alameda. La reunión la propicia el Museo Mural Diego Rivera, que dedica una exposición a la pintora e ilustradora rusa y ofrece un acercamiento a la relación entre ambos artistas para ponderar el vínculo creativo, más allá de sus ligas sentimentales.
Por eso se han integrado cuadros en los que Rivera aparece pintado por Beloff, y viceversa, los cuales permiten apreciar cómo se visualizaban uno al otro.
“Angelina Beloff. Trazos de una Vida”, título de la muestra que se inaugura el 29 de febrero, alumbra también rutas poco recorridas en la trayectoria de la protagonista, por ejemplo su trabajo como educadora en escuelas de la SEP.
“Al llegar a México realizó una invaluable labor docente en teatro infantil, hizo títeres, personajes para niños, además de escenografías”, recuerda Monserrat Sánchez Soler, encargada del museo.
Algunos de los diseños de escenografía para teatro guiñol forman parte de la colección presentada en el recinto, como parte del primer acercamiento a la obra de Beloff en más de 30 años. La anterior exhibición se montó en los años 80 en el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo y se enfocó en su trabajo como grabadora, comenta la investigadora visual Marilyn Castillo.
Discreta, aplicada y austera fue la ilustradora y grabadora. Discípula de Matisse, admiradora de Cézanne y amiga de Picasso, no apostó por las estridencias ni las osadías en su obra plástica, eludió modas y escuchó sus convicciones, según describe la crítica Berta Taracena en el libro Memorias, escrito por Beloff.
Esta semblanza podrá ahora profundizarse con la exposición que coincide con los 80 años de la llegada de la pintora al país.
Maestra y jueguetera
En sus memorias, publicadas por la UNAM en 1986, la artista recuerda que vivió sola 11 años en París tras la partida de Diego y la idea de instalarse en México —por unos meses— provino de su amigo, el escultor Germán Cueto, quien le dijo que en México podía ganar fácilmente dinero con sus pinturas e ilustraciones.
La situación no fue tan promisoria como le contaron cuando se estableció en México, en 1932, pero su labor como profesora le permitió abrirse camino.
“Había que enseñar dibujo para hacer muñecos de tela, madera u otros materiales (…) Así pues, empecé a preparar mis clases; inventaba juguetes, hacía patrones para hacer animales de tela, fabricaba animales de madera, etc. me pagaban 75 pesos al mes, lo cual me hacia feliz, pues como la vida era muy barata en aquel entonces, me alcanzaba para pagar mi cuarto y comer. Había tenido una suerte inusitada”, comparte.
Curada por la investigadora Mireida Velázquez, la exhibición reúne alrededor de 50 piezas de la ilustradora nacida en San Petersburgo, cuya estancia en México se prolongó 37 años, hasta su muerte en 1969, a la edad de 90 años.
Los grabados, acuarelas y óleos de Beloff proceden de colecciones privadas y públicas, entre ellas del Museo de Arte Moderno, el Museo Nacional de Arte y la colección Blaisten. Se integran igualmente piezas de autores como Diego Rivera, Adolfo Best Maugard y Roberto Montenegro.
Precisamente el primer núcleo temático de la muestra alude al encuentro de la grabadora con los mexicanos en Montparnasse, cuya efervescencia cultural atrajo a creadores de todo el mundo; una segunda sección aborda la relación artística Beloff-Rivera y un tercer bloque presenta las impresiones de la pintora sobre México, plasmadas en paisajes de lugares como Cuernavaca o Guanajuato.
El último pasaje se concentra en su trabajo como educadora y su interés en el teatro guiñol como medio para la enseñanza, pues desde pequeña conoció en Rusia el teatro de marionetas.
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