Se ve, se siente, doña Guadalupe Reyes está ¡¡¡presente!!! Estén alertas, allí viene, está en camino, ¡ojo! ¿Ya están listos? No tarda, está a la vuelta de la esquina. Y ahora, ¿qué hacemos? Con tantas deudas, reuniones familiares, cocteles de la empresa, cenas de Nochebuena, aguinaldos que no alcanzan ni para el arranque, pensiones que se esfuman, nietos y nietas que esperan su súper regalo, consuegras que cada vez vemos menos, cuñados y cuñadas que nos caen de la patada, viejos resentimientos y malos entendidos, compras de pánico de vinos y bebidas alcohólicas, pavos con relleno carísimos, arrugas y calvicies cada vez más notorias, energías que se van acabando, roperazos cada vez más obvios, y por último, montañas de incertidumbre ante lo que se nos espera.
¿Por qué cada vez nos cuesta más trabajo “festejar” estas fechas? Ya no creemos en Santa Clos, ni tampoco en el Niño Dios, ni en los Reyes Magos. ¿Dónde habrá quedado mi optimismo por estas fechas? Yo, que era tan festiva, entusiasta y “regalona”, hoy por hoy, no tengo edad, dinero, ganas, ni salud.
No pienso poner árbol de Navidad, ni nacimiento, ni foquitos (cada vez más caros). Yo era de las que mandaba tarjetas de navidad muy personalizadas, con leyendas cursísimas, era de las que envolvía los regalos con papeles de china y listones de todos colores y hasta con diamantina. Con mi primer salario, a los 16 años por haber trabajado en esta época navideña en la joyería Kent de las calles de Madero, saliendo a las 8 de la noche, me fui a la gran tienda de enfrente, y allí compré todos los regalos de la familia; regresé a mi casa a pie, sin un centavo. Entonces creía en la fe, esperanza y caridad; ahora nada más creo que este país es un. ¡¡¡desmadre!!!
Se ve, se siente, ya está aquí una temporada más de gastos, nostalgia y mucho frío en los corazones, de cuyos dueños, antes solíamos pensar que eran empáticos, cariñosos y cercanos. Todo ha cambiado. La gente también ha cambiado. El mundo ha cambiado. lo único que permanece firme es la corrupción, la impunidad, la injusticia, la contaminación, la extorsión, los feminicidios y la violencia. ¡Qué horror! ¿Ahora entienden por qué no tengo ganas de celebrar nada, aún cuando la Presidenta sea mujer?
Dicho lo anterior, debo reconocer que lo que sí me dio esperanza fue la FIL (dedicada este año a Barcelona), ver a todos esos jóvenes esperando, en largas filas, a las afueras de las diferentes salas de la Expo Guadalajara para escuchar la ponencia de su autor preferido. Este año se acercaron casi un millón de visitantes.
El cantautor catalán Joan Manuel Serrat fue la estrella de la Feria. “La fascinación es total y palpable horas antes de que llegue al auditorio, en el lobby del hotel en el que se hospeda. El cantante se sienta en una butaca rodeada de sofás. Al lado hay un grupo de amigas charlando y, de repente, una de ellas, cuando lo ve, no puede reprimir la sorpresa: ‘No puede ser posible’. También se cruza con la popular periodista Guadalupe Loaeza, que no puede resistir la tentación de pedirle un selfi y contarle lo que el día después publicará en su columna del diario Reforma: “Mi nieta se llama Lucía y hoy por la mañana le mandé su canción del mismo nombre”.
Al salir del hotel le espera un joven que ha venido desde Ciudad de México para verle y le pide que le firme Mediterráneo. No le resulta fácil llegar al salón de actos porque a cada paso le paran para pedirle fotografías. No es extraño que la directora de la Feria, Marisol Schultz, temiese que sus actos se desbordasen, como finalmente ocurre” (El País). Días después de este encuentro milagroso con Serrat, la Universidad de Guadalajara le otorgó el “Honoris Causa”, no cabe duda que México tiene un especial fervor por el catalán que canta.
A pesar de todos los sinsabores, pesimismo y falta de ganas de celebrar, seguiré adelante por mis lectores y por mis lectoras, quienes hacen el favor de seguirme hace más de 40 años, esto sí es algo que vale la pena festejar. Prometo entonces ponerme de buenas y darle la bienvenida, de todo corazón, a doña Guadalupe Reyes, quien ya se ve, se siente ¡y está presente!
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