Por: Eduardo Pacheco.
Según datos del INEGI en México existen un poco más de 2 millones 200 mil personas con deficiencia visual y casi 420 mil personas con ceguera total. Ésta se presenta principalmente a razón de tres situaciones: 1) la ceguera de nacimiento; 2) la ceguera causada por algún trauma o accidente y, 3) la ceguera que se origina a causa de una enfermedad.
Las Escrituras nos enseñan que existen dos tipos de ceguera: la ceguera física y la ceguera espiritual; En el evangelio de San Juan, capítulo 9, versos 1 a 12 nos narran cómo el Señor Jesús se topó con un ciego de nacimiento y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?, respondió Jesús: no pecó este, ni sus padres, éste (el ciego) nació así para que las obras de Dios se manifiesten en él; dicho esto, escupió en tierra e hizo lodo con la saliva y untó con el lodo los ojos del ciego y le dijo: ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, enviado); Fue entonces el ciego de nacimiento y se lavó y regresó viendo, los vecinos y los que antes le habían visto que era ciego decían: ¿no es éste el que se sentaba y mendigaba? unos decían: sí, él es y otros no, a él se parece; pero el ciego decía: yo soy y ellos le dijeron: ¿cómo te fueron abiertos los ojos? respondió el ciego y dijo: aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: ve al Siloé y lávate; y fui, y me lavé y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él dijo: no sé”.
El Libro de Isaías capítulo 59, versículos del 1 al 10, nos enseña que, además de la ceguera física, también existe la ceguera espiritual y es aquella que aparece a causa del pecado y produce un “velo espiritual” en nuestros ojos, nos esclavizan y ya no podemos ver las cosas del Reino de Dios;
La buena noticia es que el Señor Jesús vino precisamente a borrar nuestros pecados y devolvernos la vista espiritual, el Libro de Lucas capítulo 4, versículos del 16 al19, a la letra dicen: (hablando el Señor Jesús) “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”.
El Apóstol Pablo, estando frente al Rey Agripa le dio su testimonio de cómo el Señor Jesús se le apareció y le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”.
Entonces ¿cómo es que podemos quitarnos el velo que produce el pecado? La Segunda Carta de Pablo a los Corintios, capítulo 3, verso 16 revela el secreto para recuperar la vista espiritual: “Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”
Señor Jesús, conviértenos y quítanos la ceguera espiritual. Que Dios bendiga a todas las familias de Saltillo, de Coahuila y de México.
Más sobre esta sección Más en Coahuila