Quizá muchas mujeres informadas, viajadas, liberadas, empresarias e incluso feministas no sepan exactamente quién fue Gloria Steinem. El diario The Washington Post la llamaba “La Estrella Polar”. Y en su última entrevista para Netflix, fue nombrada: “La figura principal del movimiento feminista”.
Más de 50 años, Gloria se comprometió con los derechos de las mujeres; quería que fueran libres, que incrementaran su autoestima y que sus derechos fueran iguales que los del hombre.
Gloria Steinem murió a los 92 años, la semana pasada, y nació en 1934 en Toledo, Ohio. Su padre, Leo Steinem, era de origen judío, hijo de inmigrantes; su abuela paterna, Pauline Steinem, fue además una destacada sufragista y activista por los derechos de la mujer. Su madre, Ruth Nuneviller, tenía ascendencia alemana. La infancia de Gloria fue inestable: su padre era un vendedor ambulante de antigüedades que llevaba a la familia de un lugar a otro, y su madre estaba perennemente deprimida, a pesar de ello y una vez que el padre se fue, tenía que cuidarla, por eso cuando le preguntaban a la feminista y periodista por qué no había tenido hijos, ella contestaba, “sí tuve una hija: ¡mi madre!”, lo cual le impedía ir a la escuela y no fue sino hasta los doce años.
Hemos de decir que el origen de Gloria es muy interesante: su abuela fue sufragista, su padre itinerante y su madre tuvo una carrera periodística truncada por la enfermedad —suele citarse como parte de la raíz de su compromiso posterior con el feminismo.
El reportaje de Gloria Steinem que la hizo muy famosa fue cuando se infiltró en el Playboy Club de Nueva York en 1963, haciéndose pasar por una “Bunny”, decidió utilizar un nombre falso, Marie Catherine Ochs. El artículo, publicado en dos partes en la revista Show, exponía las condiciones reales detrás del glamour: exámenes ginecológicos obligatorios y humillantes para las aspirantes, salarios bajísimos con propinas que en realidad eran retenidas parcialmente por el club, contratos abusivos, cuotas de citas con clientes, y el trato degradante hacia las empleadas disfrazado de “prestigio” por trabajar en ese lugar.
Gloria respondió a un anuncio que buscaba chicas “bonitas y agradables, de entre 21 y 24 años”, y se presentó a una sesión de solicitudes abierta con el traje de baño requerido, se restó años de edad y se inventó un currículum con trabajos como mesera en Londres y bailarina-anfitriona en París.
El reportaje reveló que a las Bunnies se les pagaba menos de lo anunciado y estaban sujetas a un sistema de “deméritos” —por ejemplo, por rechazar una salida con un cliente de forma “grosera” (aunque tenían prohibido salir con la mayoría de los clientes) o por dejar que la colita de algodón del uniforme se ensuciara.
Además existían posturas obligatorias como la “Bunny Stance” (una pose de modelo con la cadera hacia afuera) y el “Bunny Dip” (una forma de inclinarse hacia atrás para dejar bebidas en mesas bajas sin salirse del disfraz).
El testimonio de Gloria Steinem llevó a que Hugh Hefner ordenara que el club dejara de exigir análisis de sangre y exámenes ginecológicos obligatorios a las nuevas Bunnies. Fue uno de los primeros ataques feministas contra Playboy y contra el estilo de vida “sexualmente liberado” pero centrado en el hombre que representaba. Aunque le dio notoriedad, por un tiempo le dificultó que otros editores la tomaran en serio como periodista.
En 1971-1972 Gloria cofundó, junto con Dorothy Pitman Hughes, Letty Cottin Pogrebin y otras feministas, la revista Ms., la primera publicación estadunidense de gran tiraje manejada y escrita mayoritariamente por mujeres, dedicada explícitamente al feminismo. El número inicial se agotó en pocos días.
La revista abordó temas hasta entonces tabú en medios masivos: el aborto, la violencia doméstica, el acoso sexual (término que ayudó a popularizar) y dio nombre y visibilidad a experiencias que millones de mujeres vivían en silencio.
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