Saltillo

Publicado el domingo, 30 de abril del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.- Lo más difícil de ser niño es lidiar con los problemas de los adultos.
Conflictos que los pequeños arreglarían con un “piedra, papel o tijeras”, los grandes “resuelven” con violencia.
Entre redes y videojuegos, influencers y retos, padres ausentes y madres ocupadas, los niños de hoy siguen tejiendo sueños en su cabeza y en su corazón, y aunque parezcan frágiles son tan fuertes que, incluso, pese a todas las adversidades, pueden hacerlos realidad.
En nuestro estado viven 877 mil 124 niños y niñas de 0 a 15 años que representan 28% de la población, y hoy conoceremos a seis de ellos que, con sus vocecitas inocentes, nos cuentan cómo es ser pequeños en un mundo de grandes.
Angie tiene 10 años y no se acuerda en dónde vive. Sabe que es de México, pero cuando le “soplan” el nombre de Tapachula, no recuerda casi nada, sólo que su casa está cerca de la de su tía.

En su infantil concepción del tiempo, dice que hace un mes salió de allá, que estaba en la escuela, en primero de primaria, supone, pero que ahora ella y sus papás van camino a Estados Unidos, donde los espera otra tía, y que su hermano Maikol se quedó con su abuela, y que ojalá sepa cómo alcanzarlos.
“Porque estábamos corriendo peligro, nos querían secuestrar”, dice con voz triste desde el columpio de la Casa del Migrante, “sí, tengo miedo, extraño mi casa, tenemos que venir en autobús, tenemos que venir con Migración, y que nos van a agarrar, y por eso tenemos miedo”.
“ Es que mi mamá era su deseo, nos querían secuestrar; lo querían secuestrar y mi mamá estaba vendiendo tacos, en Tapachula, y por eso queremos irnos a Estados Unidos.
“ Aquí está bonito, ya me acostumbré a estar aquí; aquí dan comida, lo vigilan, son buenos, son buenos; me gustaría quedarme aquí, sí quiere mi papá pero mi tía ya lo quiere tener allá porque ya tenemos cuatro años de estar aquí”, cuenta.
Angie sólo ha escuchado cosas bonitas “del otro lado”, allá hay hamburguesas y pizzas, y allá está bueno porque puede jugar y no corre ningún peligro, allá está su prima con la que juega, pero allá no está su hermano.
“ Tengo un hermano que se llama Maikol, es muy grande, yo creo que tiene 12, no sé cuántos años tiene, creo que tiene 12, se quedó con mi abuela, se quedó en otro país, en Guatemala”.
Angie dice que lo más triste que le ha pasado es su familia, porque la extraña mucho y cuando les llama casi no le contestan; dice que lo más bonito que le ha pasado, es su familia.
“Cuando sea grande quiero ser una buena estudiante”.
“La primera vez que jugué me sentí muy bien, y me dedico a eso, y al estudio, quiero ser beisbolista profesional”.

Mateo tiene 9 años, cursa tercero de primaria y desde los 2 años empezó a entrenar beisbol, en parte por la afición de su papá pero, en gran medida, porque lo disfruta mucho.
Su mamá y su papá lo apoyan en su preparación: lo llevan a los entrenamientos, a los juegos y a los torneos, incluso fuera de la ciudad.
Ante las cámaras se pone nervioso, pero domina el campo de juego: corre, batea, pitcha, anima a sus compañeros y se barre en home con gran talento.
De grande quiere ser jugador profesional, como su ídolo Henry Urrutia.
“ La primera vez que jugué me sentí muy bien, y me dedico a eso, y al estudio, quiero ser beisbolista profesional, quisiera jugar con los Dodgers.
“ Es mejor hacer un deporte que jugar en la tablet, es mejor jugar beisbol y cualquier tipo de deporte que estar en la tablet”, les recomienda a los niños de su edad.
Mateo es primera base, pero le entra a todas las posiciones, aunque reconoce que la más difícil es ser pitcher, porque si te descontrolas o piensas mucho la riegas.
“ Me preparo entrenando, y la posición más difícil es la de pitcher por el tiro desviado, es muy difícil tirar en medio, te descontrolas, piensas mucho.
“ Mis padres me traen a los entrenamientos y se los agradezco porque sí es cansado”, reconoce, “cuando jugaba en Acereros me sentí muy bien y me gustó cómo jugué, no es difícil si te gusta, y a mí me gusta mucho”.
Ganarle a la vida
Podríamos hablar de la condición que le impide a Delia poder caminar, pero su carisma hace olvidar la cuadriparesia espástica con la que nació.

A sus 10 años, Delia ha vencido grandes obstáculos que la hacen una niña fuerte: fue un bebé prematuro y, desde los seis meses llegó al mundo con la firme intención de exigir su lugar y disfrutar su infancia.
Hoy sale de sus terapias con un sombrero loco que baila al compás del viento, prefiere usar cubrebocas para platicar porque, ante todo, es cuidadosa consigo misma.
Habla poco, en monosílabas, pero sólo porque es tímida, ya que es muy inteligente: asiste a la primaria regular, cursa quinto año, le gustan las clases y tener amigos y jugar mucho.
“ Quiero ser veterinaria”, dice con su voz pequeña, “me gustan mucho los animales y el gato es mi animal favorito”.
Desde los 2 años asiste a terapias, no le agrada venir al CRIT pero sabe que tiene que hacerlo por su propio bien.
“ Ariel es mi princesa favorita”, dice con una sonrisa, “lo que más me gusta de ser niña es jugar, y me gusta mucho dibujar”.
Y es que, poco a poco, Delia le ha ido ganando a su discapacidad, ya que de no poder mover ninguna de sus extremidades ahora ya puede hacer actividades con sus manos y brazos.
“ No, no es difícil”, responde sobre andar en silla de ruedas, “sería más difícil no usarla”.
Con la mirada en el futuro
Emma tiene 9 años y Rafa 5… ah, no, 6, porque ya lo corrigió su hermana mayor, y juntos forman un gran equipo en HyperLab del Museo del Desierto.

Ellos no disfrutaron de las vacaciones de Semana Santa como sus compañeros de la escuela, pero no lo lamentan, porque saben que su esfuerzo se verá recompensado algún día, cuando ahorren lo suficiente para ir a Disneylandia.
“ Yo recibo a la gente y también trabajo en las tabletas”, dice Emma.
“ Yo trabajo en las tabletas y otras veces recibo a la gente como Emma”, dice Rafa, y su hermana hace una muestra de cómo recibe a las personas, con una vocecita increíblemente rápida que hace sonreír a quienes la escuchan:
“ Este es HyperLab, una experiencia de realidad virtual en la que pueden interactuar con dinosaurios, la experiencia dura aproximadamente entre 7 y 8 minutos; también tenemos la era de hielo, que es como si fueras un cavernícola; también tenemos descubre tu dino interior”, dice de corridito.
“ Nosotros nos venimos todas las vacaciones, hemos estado aquí y está padre, yo creo que también deberían de intentarlo”, dice Emma.
“ Y también creo que se divierten mucho aquí porque hay mucho internet”, agrega Rafa.
Aunque a veces les gustaría quedarse en casa a descansar, cada vez que se acuerdan de su plan se entusiasman: “¡queremos ahorrar para ir a Disney!”.
El esfuerzo diario
A más de un adulto le gustaría poseer la seguridad de Camila al hablar, ella es inteligente y tiene una visión tan clara de la vida, que hasta tiene propuestas para mejorar la ciudad.

A sus 11 años ya fue alcaldesa del Cabildo Infantil de Saltillo, y ahora se prepara para ir a conocer al Presidente de la República, pues el próximo año participará en la Olimpiada del Conocimiento Infantil.
“ Me gusta mucho, es algo que yo disfruto, porque me gusta mi escuela y aprendo, y sé que si sigo estudiando voy a tener más conocimiento y poquito a poquito voy a lograr ir a estudiar al extranjero”, expresa, “quiero ser científica para ayudar al medio ambiente, crear propuestas que ayuden al medio ambiente y vacunas y medicinas y cosas así”.
Sobre los niños que no tienen oportunidad de estudiar por falta de recursos, Camila ya tiene elaborada una excelente propuesta para garantizar el acceso a la educación.
“ Que las empresas otorguen becas a los niños: si es una empresa chiquita, que apadrine con becas a cinco niños desde el kínder hasta que terminen la universidad, y cada que se gradúen esos niños apadrinen a más niños, y si es una empresa grande, como una refresquera, apadrinen a 50 niños y hagan lo mismo”.
Y sobre los pequeños que no aprovechan su tiempo y lo desperdician en el celular, Camila les dice: “
“ Yo pienso que tarde o temprano lo van a lamentar, porque ahorita como son niños no se dan cuenta, pero cuando sean adultos, se van a dar cuenta dar cuenta de que la primaria les pudo haber cambiado, tener un mejor empleo, una mejor calidad de vida y distintas cosas, porque yo pienso que el estudio, la lectura, la cultura, el deporte, son acciones que se alejan de la pobreza”.〞
Un bazar de ilusiones
Erzel es el vendedor más pequeño del mercadito de Mirasierra, y al parecer el más entusiasta.

Es un caballerito de 5 años que le ayuda a su mamá a vender, pues a pesar de ser niño sabe que a falta de un padre él es el hombre de la casa.
“ Voy al kínder y me gusta porque aprendo muchas cosas”, dice sin pronunciar la “r”, “le ayudo a mi mamá para tener dinero y por eso estoy vendiendo mis juguetes”.〞
“ Sí estoy ahorrando, para comprar más ropa para vender más”.
“ De grande quiero ser policía, bombero, doctor, cuidar perros”, nos cuenta, y le da risa hacer reír a su mamá, quien lo escucha mientras dobla la ropa.
“ Mi mamá cobra y yo vendo, a los que pasan les digo que vendo juguetes de niño y niña, y ropa”, y hace una demostración de sus dotes de vendedor, para que más gente se anime a comprar en su pequeño puesto, “en mi kínder voy a ir a una fiesta bien padre y hay muchos toboganes y muchos brincolines”.
Erzel aún no sabe lo importe que es su ayuda para su mamá, no sólo para vender, sino para sortear los obstáculos que le pone la vida a una madre soltera.
“ Hay niños que no ayudan y niños que sí”, dice el pequeño, “y yo sí le ayudo a mi mamá”.
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