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Coahuila

Si tuviera un hijo

Por Sonia Villarreal

Hace 6 años

Un palpitante corazón, el pánico y la adrenalina de un niño de apenas 13 años que, a pesar de sentir miedo, protegió a sus hermanos cual héroe de las series que los niños suelen ver.

Devin fue valiente, reaccionó y supo qué hacer. Escondió a sus hermanitos entre los arbustos para salvarles la vida… los disparos no cesaban, pero en medio de aquel caos logró escapar recorriendo 22 Km. para pedir ayuda.

Lo imagino corriendo sin mirar atrás, pensando en sus hermanitos, retumbando en sus oídos el estruendo de cada descarga, pero con un claro objetivo… llegar. Ahora enfrenta el dolor por la pérdida de su madre y gran parte de su familia, su vida nunca volverá a ser igual, le arrebataron su infancia, le borraron su sonrisa.

Este es un tema muy delicado, doloroso y sombrío, por eso no quería escribir sobre él, intenté otros temas pero no pude, siempre regresaba a mi mente la imagen del joven Devin; abría mi computadora y la volvía a cerrar, así estuve por largo tiempo mientras esperaba la hora de abordar mi vuelo y continuar mi agenda de trabajo.

Pensando y abstraída de mi entorno, caminé por los pasillos del aeropuerto reflexionando sobre los hechos, he pensado una y otra vez si todos los niños tendrán la posibilidad de reaccionar así. ¿Se tiene que educar, preparar o enseñar esa resiliencia? ¿Alguien enseñó a Devin qué hacer en esos casos? No lo sé, tal vez no, pero creo que es importante hacerlo.

Hay que enseñar a los niños y niñas qué hacer en situaciones extremas como una balacera, un accidente, un incendio. Prepararlos también contra desastres naturales como un sismo o un tornado.

Los simulacros tienen una gran importancia para conseguir una buena formación en situaciones de emergencia y prevención, también para conocer las capacidades de reacción y actuación. La repetición periódica de los simulacros ha servido para evitar males mayores ante situaciones de emergencia reales.

No creo que haya sido el caso de Devin, pero tal vez su circunstancia de vida lo hizo una persona fuerte y valiente. El mundo esta lleno de desafíos, si tuviera un hijo, lo prepararía para ser mentalmente fuerte. Un niño mentalmente fuerte es capaz de abordar los problemas de forma acertiva, recuperarse de los fallos con eficiencia y hacer frente a las dificultades de manera competente.

El desarrollo de la fortaleza se realiza sobre la construcción de la resiliencia, la autoestima y la confianza. Ayudar a las y los niños a desarrollar su fuerza mental requiere un enfoque que integre la sustitución de pensamientos negativos por positivos, ayuda a controlar las emociones, impulsa un comportamiento productivo en circunstancias favorables y no favorables.

Creo que si los adultos nos aplicamos, podemos formar generaciones de personas resilientes como el pequeño Devin. Y tú…¿qué opinas?

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