Arte

Publicado el jueves, 5 de noviembre del 2026 a las 05:26
Madrid, Esp.- La ganadora del premio Planeta 2026, Isabel Allende, considera que los escritores tienen como “unas antenas” con las que pescan “el murmullo del inconsciente colectivo, lo que está pasando” y advierte de que siente “en el aire una fascinación con la ultraderecha, con los gobiernos autoritarios y el populismo”.
En un encuentro con periodistas, Allende afirmaba que La Hora Antes del Alba, la novela ganadora donde la protagonista vuelve a la casa familiar tras ser torturada por la dictadura, llega en un momento en el que las democracias están amenazadas, “hasta aquellas que parecen sólidas como la de Estados Unidos: estoy viviendo bajo el régimen de Trump, que da para pensar mucho”.
Sostiene la autora que su experiencia vital le hace ser consciente de esta realidad: “para un joven es muy fácil enchufarse con los neonazis porque no tiene ni idea de lo que fue ese régimen y las consecuencias que tuvo”.
Allende explica que la novela premiada, secuela de La Casa de los Espíritus y en las librerías desde este miércoles, es fruto de la insistencia de sus lectores por saber qué había pasado con Alba Satigny Trueba, sola en el caserón familiar, embarazada y perseguida por la dictadura, y comenta que imaginar sus circunstancias “fue fácil” porque conoce de primera mano qué es la dictadura y cómo funciona el terror.
La escritora de lengua española más leída en el mundo, deja claro que toda su vida fue feminista, incluso “antes de que la palabra existiera” y afirma seguir siendo “la misma furiosa” de sus 15 años.
La autora, nacida en Perú, criada en Chile y afincada en E.U., subraya que en todos sus libros hay mujeres fuertes y está presente la lucha contra el patriarcado, “que es el que determina las jerarquías sociales, la violencia, las desigualdades y la guerra”.
La novelista reconoce que el patriarcado es un tema que ha imperado por milenios: “el hecho de que no hayamos logrado lo que queremos no significa que hayamos fracasado sino que la lucha era más fuerte de lo que creíamos”.
Afirma que a la mujer “le conviene la democracia” porque a los autoritarios “lo primero que hacen es atacar a los periodistas y a las mujeres”.
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Y cada vez que ocurre una situación de violencia, de catástrofe o cualquier extremismo, las primeras víctimas son ellas” y eso, dice, “lo debería tener claro la gente joven”.
No olvida la escritora que las mujeres son “las que cuidan, las que protegen, las que nutren, las que siembran la tierra, cuidan a los hijos y ayudan a morir. Gracias a las mujeres sobrevive el mundo”.
Explica que para ella “no fue difícil” volver al mundo de La Casa de los Espíritus cuatro décadas después: “No creo en fantasmas, pero mi abuela tenía sesiones de espiritismo una vez a la semana y yo me crié con la idea de que se podía invocar a los muertos.
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Vivíamos rodeados de espíritus y con la idea de que había muchas dimensiones de la realidad. Acepto ese misterio, vivo también del pasado y no pasa un día que no recuerde a mi hija, fallecida hace 33 años” y para la que escribió Paula (1994). “Ella y mi madre son dos espíritus que me acompañan porque quiero recordarlos, no por ninguna otra razón”.
Admite que no relee sus libros porque hay “demasiadas lecturas buenas” en el mercado y que nunca se despide de sus personajes porque “siempre vuelven disfrazados”, una y otra vez, a las páginas de sus novelas. Y es que, dice, “con un familia como la mía, no hay nada que inventar” y confiesa que no quiere trasladar mensajes con sus libros: “cuento las cosas como las he vivido, me parece que no tengo respuestas para nada, lo que tengo son preguntas y una curiosidad insaciable”.
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