Militar revolucionario, sindicalista, preso político, muralista y vanguardista, Siqueiros (1896-1974) nació en Ciudad Camargo, en el norteño estado de Chihuahua. Su primera musa fue la revolución mexicana, en la que se enfiló como soldado en el Ejército Constitucionalista cuando tenía tan solo 16 años.
Para entonces ya había iniciado sus estudios como artista en la Academia de San Carlos donde, junto con José Clemente Orozco (1883-1949), fue alumno del Dr. Atl (1875-1964), uno de los más importantes paisajistas de la primera mitad del siglo XX.
Al joven Siqueiros le seducían las causas sociales de una lucha armada encumbrada por campesinos, indígenas y obreros para derrocar a una envejecida oligarquía representada por el dictador Porfirio Díaz.
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Desde jovencito entró en la guerra, y no lo hizo mal, fue condecorado. Luego fue enviado a Europa, donde continuó aprendiendo nuevas técnicas artísticas”, señaló a Efe Irene Herner, reconocida experta de arte y directora de la serie documental “¿Quién era David Alfaro Siqueiros?”.
En París, conoció a Diego Rivera (1886-1957) y ambos absorbieron con interés el movimiento cubista y fueron influidos por el comunismo internacional de la época.
El movimiento muralista
Durante la década de los veinte, el secretario de Educación José Vasconcelos (1882-1959) tuvo la idea de educar a las masas sobre el nacionalismo posrevolucionario a través del arte en sitios públicos.
Fue así que delegó en Rivera, Orozco y Siqueiros la tarea de enseñar sobre los valores del nuevo régimen con el muralismo.
Para Siqueiros, la encomienda significó, en pocas palabras, la aplicación de un concepto que siempre defendió durante su carrera: el “artista ciudadano”.
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A diferencia de Orozco y Rivera, Siqueiros ve en el muralismo un proyecto vanguardista, para el futuro del arte pero, sobre todo, un proyecto totalmente político”, señaló Silverio Orduña Cruz, historiador del arte y curador de La Tallera, un centro público que perteneció a Siqueiros como una casa estudio.
Sus obras son un reflejo de cómo entendía al mundo después de la revolución.
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Él vivió en una realidad de profundos cambios sociales y creó un arte público para una sociedad cambiante”, puntualizó Willy Kautz, director de la Sala de Arte Público Siqueiros.
La mejor representación de sus memorias sobre la guerra quedó cristalizada en 1966 con “Del Porfirismo a la Revolución” en el Castillo de Chapultepec.






















